La muerte cuando se acerca.
Ayer me enteré de la muerte de Ramiro Bastidos. Un compa que supo hacerse odiar por muchos. Yo incluido. Sin embargo la muerte remueve los recuerdos y escarba donde uno cree que no hay nada enterrado. Ayer pensé en Ramiro. Recordé su gesto adusto, su mirada de sabio viendonos por arriba del hombro. No pude evitar una sonrisa. A fin de cuentas ya no está con nosotros.
Murió ayer 15 de abril en Chihuahua, a las nueve de la mañana, mientras iba en camino a montar un stand para una expo. Sí me pudo, me entristeció.
Me gustaría decir muchas cosas buenas de él, pero no las recuerdo. Lo que sí tengo claro en la mente es que se cumplió su profesía:
-Cuando me vaya -decía en referencia a que si lo corrían- voy a dejar todo el equipo desconectado. A ver cómo le hacen.
Méndigo Ramiro, lo cumplió.
sábado, abril 16, 2005
domingo, marzo 20, 2005
Miguel Mateos
Ayer fuimos al concierto de este ruckerísimo de antaño. Las cosas que vimos llenarían por sí solas unas diez páginas. Por cuestiones de tiempo no podré de momento comentar todo lo que vi, pero al menos diré que no fue tanto el concierto sino el espectáculo que dió la gente lo que valió la desvelada.
Cuarentonas vestidas de adolescentes, cuarentones de pantalones de cuero, borrachos, minifaladas (que más hubiera valido fueran pantalones, o al menos faldas largas pues lo que enseñaban era más denigrante y lastimoso que sexi), peinados ochenteros... Un concierto de nostalgia sin canciones nostálgicas.
¿Lo más grave? Cada vez mer queda más claro lo ruco que estoy...
Ayer fuimos al concierto de este ruckerísimo de antaño. Las cosas que vimos llenarían por sí solas unas diez páginas. Por cuestiones de tiempo no podré de momento comentar todo lo que vi, pero al menos diré que no fue tanto el concierto sino el espectáculo que dió la gente lo que valió la desvelada.
Cuarentonas vestidas de adolescentes, cuarentones de pantalones de cuero, borrachos, minifaladas (que más hubiera valido fueran pantalones, o al menos faldas largas pues lo que enseñaban era más denigrante y lastimoso que sexi), peinados ochenteros... Un concierto de nostalgia sin canciones nostálgicas.
¿Lo más grave? Cada vez mer queda más claro lo ruco que estoy...
martes, marzo 15, 2005
Hoy me sentí tan lastimado...
Las muertas en Juárez han sido un tema cotidiano de mis conversaciones, sobre todo cuando por cuestiones de trabajo tengo que salir de la ciudad. A cualquier parte que llego me preguntan por el tema, el mismo tema. Entonces sucede que quisiera ocultar las cosas, digo que las cosas no son tan graves, que es más lo que los medios dicen. Una mentira dicha tantas veces hasta parece verdad. Yo quería que fuera verdad.
No puedo negar que aunque me interesaba al saber de una nueva víctima, siempre terminaba sin prestar importancia al hecho. Como casi todos en Juárez, me hice inmune al dolor.
Ayer mientras veía la televisión vi el rostro de una madre preocupada, sollozando pedía que su hija regresara a la casa. Ya eran tres días sin saber nada de ella. Me imaginé el dolor de esa madre, la desesperación, la ansiedad, la incertidumbre, la impotencia. Su imagen se me quedó grabada. A los cinco minutos escuché que encontraron el cuerpo de una mujer joven. El rostro de esa madre volvió a mi mente. Quise que no fuera su hija.
En la noche busqué más información. El ver la foto de la muchachita desaparecida repetida en el portal de internet, en donde se hablaba de la posibilidad de que fuera la misma me impresionó profundamente.
Hoy, al confirmarse la noticia siento un dolor que me desagarra. Estoy llorando. No lo puedo evitar. Los gritos de esa madre que sabe que su hija está muerta taladran mis oídos. No la conocí, pero siento como si fuera muy cercana a mí. Esto pudo pasarle a una amiga,
a una hermana... A mi hija.
Cuánto dolor siento, que lastimado estoy. Nada puedo hacer y eso me frustra. Que Dios ayude a esta mujer a superar su dolor, y a nosotros, a ser más valientes y a exigir justicia.
Ojalá ya acabe esto.
Las muertas en Juárez han sido un tema cotidiano de mis conversaciones, sobre todo cuando por cuestiones de trabajo tengo que salir de la ciudad. A cualquier parte que llego me preguntan por el tema, el mismo tema. Entonces sucede que quisiera ocultar las cosas, digo que las cosas no son tan graves, que es más lo que los medios dicen. Una mentira dicha tantas veces hasta parece verdad. Yo quería que fuera verdad.
No puedo negar que aunque me interesaba al saber de una nueva víctima, siempre terminaba sin prestar importancia al hecho. Como casi todos en Juárez, me hice inmune al dolor.
Ayer mientras veía la televisión vi el rostro de una madre preocupada, sollozando pedía que su hija regresara a la casa. Ya eran tres días sin saber nada de ella. Me imaginé el dolor de esa madre, la desesperación, la ansiedad, la incertidumbre, la impotencia. Su imagen se me quedó grabada. A los cinco minutos escuché que encontraron el cuerpo de una mujer joven. El rostro de esa madre volvió a mi mente. Quise que no fuera su hija.
En la noche busqué más información. El ver la foto de la muchachita desaparecida repetida en el portal de internet, en donde se hablaba de la posibilidad de que fuera la misma me impresionó profundamente.
Hoy, al confirmarse la noticia siento un dolor que me desagarra. Estoy llorando. No lo puedo evitar. Los gritos de esa madre que sabe que su hija está muerta taladran mis oídos. No la conocí, pero siento como si fuera muy cercana a mí. Esto pudo pasarle a una amiga,
a una hermana... A mi hija.
Cuánto dolor siento, que lastimado estoy. Nada puedo hacer y eso me frustra. Que Dios ayude a esta mujer a superar su dolor, y a nosotros, a ser más valientes y a exigir justicia.
Ojalá ya acabe esto.
lunes, marzo 14, 2005
Vivir en el D.F. 4

Las librerías de viejo.
Estas son de las pocas cosas que envidio de los defeños. (Aparte de la comida, apesar de lo que diga la Flaca). Y es que en las librerías de viejo encuentras de todo. Eso sí, se requiere de mucha paciencia y de una buena dotación de suerte.
En fin, espero ver algún día en mi querida frontera alguna librería por el estilo. Ni me pregunten por la Acapulco, no merece ni un sólo renglón más.
Las librerías de viejo.
Estas son de las pocas cosas que envidio de los defeños. (Aparte de la comida, apesar de lo que diga la Flaca). Y es que en las librerías de viejo encuentras de todo. Eso sí, se requiere de mucha paciencia y de una buena dotación de suerte.
En fin, espero ver algún día en mi querida frontera alguna librería por el estilo. Ni me pregunten por la Acapulco, no merece ni un sólo renglón más.

domingo, marzo 13, 2005
Vivir en el D.F. 3
El tráfico
No exagero al decir que para recorrer 10 kilómetros en la ciudad de México necesitas alrededor de 60 minutos. Tampoco exagero si digo que, no importa de dónde vengas, nunca has visto tantos carros juntos.
No contentos con ser tantos, presumen su agresividad al volante como souvenir de la ciudad. Pasan rozándote los pantalones, sonando las bocinas, empujándote a las banquetas, mentando madres, salteando semáforos, sobornando policías, espantando gente, matando perros, odiando a todos.
No es posible pasar más de dos días en el D.F. sin tener que enfrentarse a un embotellamiento, o al menos, a un cuello de botella. Por más pisos que hagan no caben. No caben.
En promedio los capitalinos invierten tres horas diarias en ir y volver del trabajo. Casi la mitad de la jornada laboral. Llegan a sus trabajos ya cansados, agobiados, mareados, estresados, jodidos.
Perra vida ¿a qué hora ven a su familia?
El tráfico
No exagero al decir que para recorrer 10 kilómetros en la ciudad de México necesitas alrededor de 60 minutos. Tampoco exagero si digo que, no importa de dónde vengas, nunca has visto tantos carros juntos.
No contentos con ser tantos, presumen su agresividad al volante como souvenir de la ciudad. Pasan rozándote los pantalones, sonando las bocinas, empujándote a las banquetas, mentando madres, salteando semáforos, sobornando policías, espantando gente, matando perros, odiando a todos.
No es posible pasar más de dos días en el D.F. sin tener que enfrentarse a un embotellamiento, o al menos, a un cuello de botella. Por más pisos que hagan no caben. No caben.
En promedio los capitalinos invierten tres horas diarias en ir y volver del trabajo. Casi la mitad de la jornada laboral. Llegan a sus trabajos ya cansados, agobiados, mareados, estresados, jodidos.
Perra vida ¿a qué hora ven a su familia?
jueves, marzo 10, 2005
Vivir en el D. F. 2
La comida
Con cuánto gusto recorro las calles sazonadas del D.F. En cada esquina se encuentran los más variados platillos: tacos, tortas, huaraches, filetes de pescado, tlacoyos, flautas, sopes, quesadillas, tamales, atole. A todos ellos prefiero los tacos.
Hay de pollo, bistec, pastor, suadero, longaniza, cabeza, lengua, ojos, cachete, maciza, tripitas, campechano…
Tortas hay de jamón, pierna, milanesa, tamal…
Todos con los distintos tipos de comida tienen un ingrediente único e insustituible: Chile. Ya sea como salsa, rebanado, toreado o verde, es indispensable en la dieta del defeño.
Como fiel admirador de mis ancestros, y sin poder negarme a mis impulsos primarios me atasque de todo lo que encontré a mi paso.
Uno de los platillos que más gratos recuerdos me trajo fue el filete de pescado empanizado: tres tiras de filete capeadas (lampreadas) cocidas en harto aceite, puestas a escurrir en una rejita y sazonadas con limón y salsa valentina. Ese trozo de pescado, masa y aceite me hizo recordar mi niñez. Los días que pasé recorriendo calles y callejones, pasillos de mercados y pláticas con mi madre.
Con qué gusto recordé los viejos sabores. Con cuánta alegría comí hasta el último pedazo.
La comida
Con cuánto gusto recorro las calles sazonadas del D.F. En cada esquina se encuentran los más variados platillos: tacos, tortas, huaraches, filetes de pescado, tlacoyos, flautas, sopes, quesadillas, tamales, atole. A todos ellos prefiero los tacos.
Hay de pollo, bistec, pastor, suadero, longaniza, cabeza, lengua, ojos, cachete, maciza, tripitas, campechano…
Tortas hay de jamón, pierna, milanesa, tamal…
Todos con los distintos tipos de comida tienen un ingrediente único e insustituible: Chile. Ya sea como salsa, rebanado, toreado o verde, es indispensable en la dieta del defeño.
Como fiel admirador de mis ancestros, y sin poder negarme a mis impulsos primarios me atasque de todo lo que encontré a mi paso.
Uno de los platillos que más gratos recuerdos me trajo fue el filete de pescado empanizado: tres tiras de filete capeadas (lampreadas) cocidas en harto aceite, puestas a escurrir en una rejita y sazonadas con limón y salsa valentina. Ese trozo de pescado, masa y aceite me hizo recordar mi niñez. Los días que pasé recorriendo calles y callejones, pasillos de mercados y pláticas con mi madre.
Con qué gusto recordé los viejos sabores. Con cuánta alegría comí hasta el último pedazo.
Vivir en el D. F. 1
Los cuatro días que pasé en el Distrito Federal la semana pasada me hacen pensar que el título de este escrito está mal: quizá debería ser Sobrevivir en el D. F. Todo lo que pueda decir no se va a comparar nunca con un sólo minuto en esa Jungla de Asfalto.
El metro.
Maravilloso invento, no puedo dejar de admirarlo. Cada vez que recorro uno de sus pasillos, que paso por debajo de sus desniveles, que imagino el esfuerzo para construir sus intrincados y misteriosos laberintos subterráneos me siento empequeñecido ante tan portentosa obra.
Con cuánta emoción lo he defendido. Con cuánto gusto he hablado de sus maravillas. Pero cual cuervo, se ha burlado de mí. Se ha mofado de mi ingenuidad.
Decidí recorrerlo a la “hora pico”, deseoso de sentir en carne propia todo lo que se dice al respecto. La primera dificultad fue tan siquiera acercarme al vagón. Me lo impedía un tumulto desmañanado. Después de ver cuatro trenes desfilar ante mí, quiso la suerte que quedara ubicado justo al costado de una de las puertas. Sin saber yo cómo, la gente que venía detrás de mí me impulso al interior. Bueno, ya estaba adentro.
Las leyes de la física que siempre creí verdaderas se rompieron en el vagón del metro: ¿Quién dice que un espacio para cincuenta personas sólo caben cincuenta? ¡Pero si en el metro caben en ese espacio más de cien! Cuando ese río humano me empujó al interior del metro lo hizo de tal forma que quedé exactamente al centro, sin posibilidad de asirme de ningún pasamanos. Traté de anclarme al techo pero me quedaba muy alto. El tren inició su marcha y yo con el brazo en alto cual arcángel Gabriel. No podía bajarlo. No cabía mi brazo en ningún lado. Pronto descubrí que no era necesario tratar de sujetarme: los cuerpos a mi alrededor impedía ya no sólo que me cayera, ¡ni siquiera que me moviera!
Después de dos estaciones y de mi brazo ya sin circulación, llegamos a una estación en la que bajó una gran cantidad de gente. Al fin bajé mi brazo y me pude acercar, no sin esfuerzo, a uno de los pasamanos. Empezaba a respirar con tranquilidad y con toda la capacidad de mis pulmones cuando nos acercamos a otra estación y oigo junto a mí:
- ¡Ahí viene la manada! – Y sí lo era.
Antes de que pudiera ni pensar, ya me habían apretujado contra los demás. El mismo que nos previno de la manada gritó -¡Me están sacando los frijoles!- Las risas fueron como aire fresco. Hasta en los peores momentos el mexicano se sabe reír.
En ese momento descubrí que podía romper otra ley, la de la gravedad. Sin preocuparme demasiado solté mi portafolio. No se movió un ápice. Traté de levantar las piernas y quedar suspendido yo también, apoyándome tan sólo en la gente. No lo hice, no creo que nadie pueda con mi panza.
Los cuatro días que pasé en el Distrito Federal la semana pasada me hacen pensar que el título de este escrito está mal: quizá debería ser Sobrevivir en el D. F. Todo lo que pueda decir no se va a comparar nunca con un sólo minuto en esa Jungla de Asfalto.
El metro.
Maravilloso invento, no puedo dejar de admirarlo. Cada vez que recorro uno de sus pasillos, que paso por debajo de sus desniveles, que imagino el esfuerzo para construir sus intrincados y misteriosos laberintos subterráneos me siento empequeñecido ante tan portentosa obra.
Con cuánta emoción lo he defendido. Con cuánto gusto he hablado de sus maravillas. Pero cual cuervo, se ha burlado de mí. Se ha mofado de mi ingenuidad.
Decidí recorrerlo a la “hora pico”, deseoso de sentir en carne propia todo lo que se dice al respecto. La primera dificultad fue tan siquiera acercarme al vagón. Me lo impedía un tumulto desmañanado. Después de ver cuatro trenes desfilar ante mí, quiso la suerte que quedara ubicado justo al costado de una de las puertas. Sin saber yo cómo, la gente que venía detrás de mí me impulso al interior. Bueno, ya estaba adentro.
Las leyes de la física que siempre creí verdaderas se rompieron en el vagón del metro: ¿Quién dice que un espacio para cincuenta personas sólo caben cincuenta? ¡Pero si en el metro caben en ese espacio más de cien! Cuando ese río humano me empujó al interior del metro lo hizo de tal forma que quedé exactamente al centro, sin posibilidad de asirme de ningún pasamanos. Traté de anclarme al techo pero me quedaba muy alto. El tren inició su marcha y yo con el brazo en alto cual arcángel Gabriel. No podía bajarlo. No cabía mi brazo en ningún lado. Pronto descubrí que no era necesario tratar de sujetarme: los cuerpos a mi alrededor impedía ya no sólo que me cayera, ¡ni siquiera que me moviera!
Después de dos estaciones y de mi brazo ya sin circulación, llegamos a una estación en la que bajó una gran cantidad de gente. Al fin bajé mi brazo y me pude acercar, no sin esfuerzo, a uno de los pasamanos. Empezaba a respirar con tranquilidad y con toda la capacidad de mis pulmones cuando nos acercamos a otra estación y oigo junto a mí:
- ¡Ahí viene la manada! – Y sí lo era.
Antes de que pudiera ni pensar, ya me habían apretujado contra los demás. El mismo que nos previno de la manada gritó -¡Me están sacando los frijoles!- Las risas fueron como aire fresco. Hasta en los peores momentos el mexicano se sabe reír.
En ese momento descubrí que podía romper otra ley, la de la gravedad. Sin preocuparme demasiado solté mi portafolio. No se movió un ápice. Traté de levantar las piernas y quedar suspendido yo también, apoyándome tan sólo en la gente. No lo hice, no creo que nadie pueda con mi panza.
jueves, febrero 24, 2005
Carta al pediatra de la Peque Pau
Me encontré este archivo que nunca mandé. Con cuánto dolor recuerdo esa enfermedad de principios de 2004. Va como agradecimiento y para limpiar mis culpas por no enviarla a tiempo.
========================
Dr. Flores:
Para un padre, como usted seguramente ya sabe, ninguna enfermedad es leve cuando la padece un hijo. Hace unos días tuve la mala fortuna de ver a mi hija con una enfermedad que parecía no terminar.
Le visitamos y recibimos de usted un trato no sólo profesional sino también humano. Desafortunadamente tuvimos que visitarle nuevamente pues mi niña no mejoraba. Recuerdo con gratitud su rostro de preocupación al vernos; recuerdo también que nos preguntó ¿no se ha aliviado?; me sentí tan bien al saber que no sólo éramos una pareja con un hijo enfermo, sino que para usted éramos los padres de su paciente. Recuerdo con mucho sufrimiento escucharle decir “parece que esta niña tiene neumonía”. En ese momento mi mundo se desmoronó.
No sabía que hacer, ni siquiera tengo una idea de lo que es la neumonía. Sólo atinaba a pensar “Dios mío, Dios mío, no lo permitas. No dejes que mi niña tenga que ser hospitalizada”.
Afortunadamente no llegó a tanto la enfermedad. Le recetó entonces un tratamiento más fuerte y nos despidió con una palmada en la espalda y un apretón de manos que logró tranquilizar mi espíritu.
De entre esos días aciagos, rescato algunas imágenes que le quiero compartir:
Su mirada de franca preocupación.
Su mano sobre la frente de mi niña tratando de tranquilizarla.
Su apoyo económico al no cobrarme esa consulta. En esos momentos fue un soporte invaluable.
Las nebulizaciones sin costo no sólo para mi hija, sino para muchos otros pacientes. Seguro estoy que los padres de esos niños también le agradecen. Se les veía en los ojos.
Pero ante todo, me impresionó darme cuenta que para usted todos sus pacientes son importantes. Quizá esta forma de actuar sea valiosa en todos los doctores, pero en los pediatras -que tratan con los seres que más amamos-, se vuelve un rasgo imprescindible e invaluable.
Una vez más muchas gracias. Para un padre es muy importante contar con un buen pediatra; pero es más importante saber que aparte de la capacidad académica, se cuenta con un ser humano completo.
Un abrazo.
Me encontré este archivo que nunca mandé. Con cuánto dolor recuerdo esa enfermedad de principios de 2004. Va como agradecimiento y para limpiar mis culpas por no enviarla a tiempo.
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Dr. Flores:
Para un padre, como usted seguramente ya sabe, ninguna enfermedad es leve cuando la padece un hijo. Hace unos días tuve la mala fortuna de ver a mi hija con una enfermedad que parecía no terminar.
Le visitamos y recibimos de usted un trato no sólo profesional sino también humano. Desafortunadamente tuvimos que visitarle nuevamente pues mi niña no mejoraba. Recuerdo con gratitud su rostro de preocupación al vernos; recuerdo también que nos preguntó ¿no se ha aliviado?; me sentí tan bien al saber que no sólo éramos una pareja con un hijo enfermo, sino que para usted éramos los padres de su paciente. Recuerdo con mucho sufrimiento escucharle decir “parece que esta niña tiene neumonía”. En ese momento mi mundo se desmoronó.
No sabía que hacer, ni siquiera tengo una idea de lo que es la neumonía. Sólo atinaba a pensar “Dios mío, Dios mío, no lo permitas. No dejes que mi niña tenga que ser hospitalizada”.
Afortunadamente no llegó a tanto la enfermedad. Le recetó entonces un tratamiento más fuerte y nos despidió con una palmada en la espalda y un apretón de manos que logró tranquilizar mi espíritu.
De entre esos días aciagos, rescato algunas imágenes que le quiero compartir:
Su mirada de franca preocupación.
Su mano sobre la frente de mi niña tratando de tranquilizarla.
Su apoyo económico al no cobrarme esa consulta. En esos momentos fue un soporte invaluable.
Las nebulizaciones sin costo no sólo para mi hija, sino para muchos otros pacientes. Seguro estoy que los padres de esos niños también le agradecen. Se les veía en los ojos.
Pero ante todo, me impresionó darme cuenta que para usted todos sus pacientes son importantes. Quizá esta forma de actuar sea valiosa en todos los doctores, pero en los pediatras -que tratan con los seres que más amamos-, se vuelve un rasgo imprescindible e invaluable.
Una vez más muchas gracias. Para un padre es muy importante contar con un buen pediatra; pero es más importante saber que aparte de la capacidad académica, se cuenta con un ser humano completo.
Un abrazo.
martes, febrero 22, 2005
Bravo por las mujeres!!!
Hace mucho que no me sentía tan satisfecho de leer una noticia: Hace unos días la famosa compañía Avon regresó a sus representantes el derecho a la seguridad social.
Que el IMSS sea bueno o malo no viene al caso, lo que quiero resaltar es el golazo que han anotado nuestras sufridas mujeres mexicanas. En enero se había tomado la decisión unilateral, algunos dicen que del IMSS otros que de la empresa, de quitarles el servicio médico.
Ellas, sin perder un minuto, se armaron en contra de tan detestable decisión y al fin lograron revocarla. Prueba palpable de lo que logra un grupo si se propone llegar a un fin.
Siempre he pensado que dicha compañía las explota, las ningunea, las sobaja, las humilla y ellas, con su muy mexicanísimo sentido de responsabilidad, entrega y sometimiento, han soportado de todo. Casi de todo.
Bien por ellas, bien por su lucha. Se lo merecen. Han engrandecido a una compañía que ciertamente sólo obtiene beneficios, casi ninguna obligación. Es hora de demostrar que podemos unirnos y obtener buenos resultados. VIVAN LAS MUJERES MEXICANAS.
Hace mucho que no me sentía tan satisfecho de leer una noticia: Hace unos días la famosa compañía Avon regresó a sus representantes el derecho a la seguridad social.
Que el IMSS sea bueno o malo no viene al caso, lo que quiero resaltar es el golazo que han anotado nuestras sufridas mujeres mexicanas. En enero se había tomado la decisión unilateral, algunos dicen que del IMSS otros que de la empresa, de quitarles el servicio médico.
Ellas, sin perder un minuto, se armaron en contra de tan detestable decisión y al fin lograron revocarla. Prueba palpable de lo que logra un grupo si se propone llegar a un fin.
Siempre he pensado que dicha compañía las explota, las ningunea, las sobaja, las humilla y ellas, con su muy mexicanísimo sentido de responsabilidad, entrega y sometimiento, han soportado de todo. Casi de todo.
Bien por ellas, bien por su lucha. Se lo merecen. Han engrandecido a una compañía que ciertamente sólo obtiene beneficios, casi ninguna obligación. Es hora de demostrar que podemos unirnos y obtener buenos resultados. VIVAN LAS MUJERES MEXICANAS.
miércoles, febrero 02, 2005
Se cumplió la profesía...
El pasado domingo le llevaron de regalo una perrita a la peque Pau. Debo reconocer que odio los perros, pero ver la mirada brillante de mi niña me hizo tragarme mis prejuicios y recibir de la mejor manera posible a la nueva inquilina.
El primer drama vino a la hora de dejar a la perra sola para ir a comparle la casa y la comida. Mi peque se desgañitaba pidiéndome entre sollozos que no la dejaramos sola. Al fin la pude separar de la perra y me la lleve a rastras. Pero este episodio digno de las mejores épocas de Marga López no fueron nada comparado con el que tuve que aguantar en la noche cuando le dije a mi niña que era hora de dormir. Ella no quería dejar a la perra afuera.
-Está haciendo mucho frío. Pobrecita, que se durma conmigo!!!! gritaba mi niña entre hipos.
- Para eso le compramos su casa y le pusimos esas cobijas. No va a tener frío- le decía yo tratando de convencerla.
-Si no hace frío en su casita me quedo con ella.
No! gritamos a coro mi esposa y yo.
Y otra vez, media hora de llanto y lamentación.
Por las actuaciones de mi niña, estoy pensando en pedir casting en Telón de Arena...
El pasado domingo le llevaron de regalo una perrita a la peque Pau. Debo reconocer que odio los perros, pero ver la mirada brillante de mi niña me hizo tragarme mis prejuicios y recibir de la mejor manera posible a la nueva inquilina.
El primer drama vino a la hora de dejar a la perra sola para ir a comparle la casa y la comida. Mi peque se desgañitaba pidiéndome entre sollozos que no la dejaramos sola. Al fin la pude separar de la perra y me la lleve a rastras. Pero este episodio digno de las mejores épocas de Marga López no fueron nada comparado con el que tuve que aguantar en la noche cuando le dije a mi niña que era hora de dormir. Ella no quería dejar a la perra afuera.
-Está haciendo mucho frío. Pobrecita, que se durma conmigo!!!! gritaba mi niña entre hipos.
- Para eso le compramos su casa y le pusimos esas cobijas. No va a tener frío- le decía yo tratando de convencerla.
-Si no hace frío en su casita me quedo con ella.
No! gritamos a coro mi esposa y yo.
Y otra vez, media hora de llanto y lamentación.
Por las actuaciones de mi niña, estoy pensando en pedir casting en Telón de Arena...
miércoles, enero 26, 2005
Corte de pelo.
Ayer volví a una peluquería. Hace mucho que no visitaba ese lugar de tantos recuerdos. Ayer reviví aquellos días en que mi padre me llevaba, casi a rastras, a cortarme el pelo.
-Casquete corto- gritaba triunfante, y a mí se me escurrían las lágrimas nomás de pensar que al otro día me iban a gritar por todo el vecindario -Adiós orejón!!
-Pinches peluqueros- pensaba, -ojalá se mueran.
Y sí, se murió uno de ellos. Aquel viejito de espalda encorvada ya no está.
-No muchacho -me dijo uno de ellos-, hace tres años que murió.
Con su ausencia tomaron fuerza mis recuerdo y mis añoranzas. Me di cuenta que ya ni siquiera sé cómo pedir el corte. Ahora sólo sé pedir el corte con el número dos. Los casquetes cortos, largos, el desvanecido claro y oscuro han perdido su significado para mí.
Mientras pensaba en mi pasado, llegó un señor con su hijo adolescente. Uniformado éste, no le vi ni un lágrima de desconsuelo, al contrario, iba contento de rebajarse aún más su corte militar.
-O es la moda, o se acostumbró, pensé.
Y mientras veía a ese padre acompañando a su hijo, el mío llegó a mi memoria. Y lo imaginé sentado frente a mí, sonriéndome desde su lugar, contento de ver que al fin uso el pelo tan corto como a él siempre le ha gustado.
Llegué a la casa y le marqué:
-Viejo -le dije-, fui a la peluquería. Se murió don Raúl.
-Sí, lo supe. El moño duró como seis meses sobre la puerta. Ni hablar... ¿Y porqué fuiste?
-No sé, se me ocurrió.
-Pues ojalá no dejes de ir.
Esta visita a la peluquería: el aroma, la música, la plática, el perchero, los periódicos desperdigados y vueltos a acomodar, la sensación tibia de la crema de afeitar, el frío de la navaja, la frescura del corte, todo ello me hizo recordar mi infancia y me hizo descubrir que empiezo a envejecer.
Ayer volví a una peluquería. Hace mucho que no visitaba ese lugar de tantos recuerdos. Ayer reviví aquellos días en que mi padre me llevaba, casi a rastras, a cortarme el pelo.
-Casquete corto- gritaba triunfante, y a mí se me escurrían las lágrimas nomás de pensar que al otro día me iban a gritar por todo el vecindario -Adiós orejón!!
-Pinches peluqueros- pensaba, -ojalá se mueran.
Y sí, se murió uno de ellos. Aquel viejito de espalda encorvada ya no está.
-No muchacho -me dijo uno de ellos-, hace tres años que murió.
Con su ausencia tomaron fuerza mis recuerdo y mis añoranzas. Me di cuenta que ya ni siquiera sé cómo pedir el corte. Ahora sólo sé pedir el corte con el número dos. Los casquetes cortos, largos, el desvanecido claro y oscuro han perdido su significado para mí.
Mientras pensaba en mi pasado, llegó un señor con su hijo adolescente. Uniformado éste, no le vi ni un lágrima de desconsuelo, al contrario, iba contento de rebajarse aún más su corte militar.
-O es la moda, o se acostumbró, pensé.
Y mientras veía a ese padre acompañando a su hijo, el mío llegó a mi memoria. Y lo imaginé sentado frente a mí, sonriéndome desde su lugar, contento de ver que al fin uso el pelo tan corto como a él siempre le ha gustado.
Llegué a la casa y le marqué:
-Viejo -le dije-, fui a la peluquería. Se murió don Raúl.
-Sí, lo supe. El moño duró como seis meses sobre la puerta. Ni hablar... ¿Y porqué fuiste?
-No sé, se me ocurrió.
-Pues ojalá no dejes de ir.
Esta visita a la peluquería: el aroma, la música, la plática, el perchero, los periódicos desperdigados y vueltos a acomodar, la sensación tibia de la crema de afeitar, el frío de la navaja, la frescura del corte, todo ello me hizo recordar mi infancia y me hizo descubrir que empiezo a envejecer.
jueves, agosto 05, 2004
Cuando recién cumpli 21 añitos dejé de tomar alcohol. En aquel entonces me dije: "Se acabo. La última y nos vamos" En verdad creí que no volvería a tomar. Sí, lo sé. Volví a las andadas. No con la cantidad ni la frecuencia de antaño, pero un vicio es un vicio.
Lo mismo me pasó con este blog. Después de descorazonarme profundamente al leer tan eruditos escritos (tal como me apesumbraba ver teporochos y aloholicos empedernidos que con tanta gallardía demostraban su amor al alcohol)decidí dejar la escritura para los que más saben. Pero un vicio es un vicio.
He vuelto, quizá no con la misma frecuencia ni cantidad, pero deseo de todo corazón con más calidad.
Saludos.
Lo mismo me pasó con este blog. Después de descorazonarme profundamente al leer tan eruditos escritos (tal como me apesumbraba ver teporochos y aloholicos empedernidos que con tanta gallardía demostraban su amor al alcohol)decidí dejar la escritura para los que más saben. Pero un vicio es un vicio.
He vuelto, quizá no con la misma frecuencia ni cantidad, pero deseo de todo corazón con más calidad.
Saludos.
miércoles, abril 07, 2004
Felices vacaciones
Pues sí. Estoy de vacaciones. Tiempo de descanso, de tranquilidad, de reposo. Digo, una que otra visita a la oficina no me hace nada mal, al contrario, me permite mantenerme activo.
Quizá no trabajo mucho, pero mis vacaciones son obligatorias: ¿A quién le dan pan que llore?
Los que si no tienen vergúenza son los candidatos. ¿Cómo es posible que también ellos hayan agarrado vacaciones? Si están en plena campaña!!
Fíjense: si ahora que están preocupados por ganar las elecciones se agarran sus DOS SEMANOTAS de vacaciones ¿Qué será cuando hayan ganado?
Un moflero me dijo una vez: "Para descansar está la tumba. Mientras yo esté vivo no habrá domingo ni día festivo suficiente que me obligue a cerrar mi negocio"
Eso es una verdadera filosofía de vida. No como aquellos que a los 35 años están peleando su jubilación.
En fin, felices vacaciones, yo ya me voy.
ADIOS...
Pues sí. Estoy de vacaciones. Tiempo de descanso, de tranquilidad, de reposo. Digo, una que otra visita a la oficina no me hace nada mal, al contrario, me permite mantenerme activo.
Quizá no trabajo mucho, pero mis vacaciones son obligatorias: ¿A quién le dan pan que llore?
Los que si no tienen vergúenza son los candidatos. ¿Cómo es posible que también ellos hayan agarrado vacaciones? Si están en plena campaña!!
Fíjense: si ahora que están preocupados por ganar las elecciones se agarran sus DOS SEMANOTAS de vacaciones ¿Qué será cuando hayan ganado?
Un moflero me dijo una vez: "Para descansar está la tumba. Mientras yo esté vivo no habrá domingo ni día festivo suficiente que me obligue a cerrar mi negocio"
Eso es una verdadera filosofía de vida. No como aquellos que a los 35 años están peleando su jubilación.
En fin, felices vacaciones, yo ya me voy.
ADIOS...
jueves, febrero 26, 2004
Explico mis palabras.
Dada mi nula capacidad poética, prefiero explicar lo antes publicado. Resulta que ayer tuve necesidad de acudir a la presidencia municipal a llevar a cabo un trámite indispensable para hacer una ampliación a la casa. Ampiación por demás pequeña, pues los recursos económicos y terrenales no dan para más.
Total que después de diez líneas en seis distintas ventanillas, logré obtener mi permiso. Por cierto, ya para entonces me habían multado por tener material en la banqueta. Uta! No tenía ni dos minutos de que dejaron el material cuando ya estaba obras públicas exigiendo que retiraramos el estorbo de la banqueta. Ojalá así fueran para tapar baches, pintar lineas o prender semáforos.
Todos estos trámite burocráticos me hacen pensar en lo jodidos que seguimos en México en cuanto a atención al cliente se refiere. Por que el mal servicio no se limita a la administración pública: ¿Alguien a tenido la necesidad de hacer un trámite en Telmex? ¿Han tenido la necesidad de pagar en ventanilla el recibo del gas? ¿Qué tal una compra en FAMSA? ¿Y una devolución en Mueblería Central?
Para ser mediocres no hace falta trabajar para el gobierno.
Dada mi nula capacidad poética, prefiero explicar lo antes publicado. Resulta que ayer tuve necesidad de acudir a la presidencia municipal a llevar a cabo un trámite indispensable para hacer una ampliación a la casa. Ampiación por demás pequeña, pues los recursos económicos y terrenales no dan para más.
Total que después de diez líneas en seis distintas ventanillas, logré obtener mi permiso. Por cierto, ya para entonces me habían multado por tener material en la banqueta. Uta! No tenía ni dos minutos de que dejaron el material cuando ya estaba obras públicas exigiendo que retiraramos el estorbo de la banqueta. Ojalá así fueran para tapar baches, pintar lineas o prender semáforos.
Todos estos trámite burocráticos me hacen pensar en lo jodidos que seguimos en México en cuanto a atención al cliente se refiere. Por que el mal servicio no se limita a la administración pública: ¿Alguien a tenido la necesidad de hacer un trámite en Telmex? ¿Han tenido la necesidad de pagar en ventanilla el recibo del gas? ¿Qué tal una compra en FAMSA? ¿Y una devolución en Mueblería Central?
Para ser mediocres no hace falta trabajar para el gobierno.
miércoles, febrero 25, 2004
Volví a caer en sus redes.
Hoy volví a caer.
Sus dientes afilados traspasaron mi carne,
el hedor de sus mandíbulas nubló mi vista,
el horror de sus lineas desgastó mis sentidos.
Hoy volví a sufrir sus tormentos,
a vivir sus desdenes,
a sollozar en sus brazos.
Maldita Administración Pública:
Cuanto os odio!
Hoy volví a caer.
Sus dientes afilados traspasaron mi carne,
el hedor de sus mandíbulas nubló mi vista,
el horror de sus lineas desgastó mis sentidos.
Hoy volví a sufrir sus tormentos,
a vivir sus desdenes,
a sollozar en sus brazos.
Maldita Administración Pública:
Cuanto os odio!
lunes, febrero 23, 2004
Ya ni pa' que hablar de mi control remoto.
Con el relajo este de los escritores encarcelados sin justificación alguna, hasta pasó a segundo plano la pérdida del control remoto de mi DVD.
Agradezco a quien tenga que hacerlo el que mi apariencia no sea tan extraña ( o extravagante) pues si bien soy feo, al menos no "parezco sospechoso". Y es que me ha tocado ver cada caso. Una vez detuvieron a un tío que andaba de visita por estas tierras por la simple razón de que tenía acento chilango. Es cierto, acento chilango si tiene, pero si el pobre viene del DF ¿que se podía esperar? Lo peor del caso es que hasta un señor dijo: "Sí, es el que me parece la otra vez (¿cuál, si tenía dos días en la ciudad?) se robó una cartera.
Afortunadamente yo andaba con mi tío (pues me acompañaba a la escuela) y pudimos dejar en claro que no había cometido ningún delito. En honor a la verdad diré que lo que nos ayudó fue una "charola" que yo traía (en aquel entonces creía que ser reportero era una cualidad casi divina) y que logró que los polis nos llevaran hasta la escuela en medio de disculpas.
En fin, el asunto es que es realmente grave y preocupante el dato de Zerk sobre la recompensa a los policías que capturen a "delincuentes".
Uf. Por lo pronto no queda más que recordar a los amigos y conocidos de inusual estampa que se cuiden al ver a los polis. Parece que la estampa tuvo algo que ver en la detención del tal Epigmenio.
Animo muchachos.
Por cierto, sólo por no dejar, si alguien sabe de un control remoto que sirva para un DVD Philco (Sí, ya sé que es marca patito, pero fue todo lo que pude comprar) le pido me avise. No sean gachos. No saben lo horrible que es ver DVD doblados al español.
Con el relajo este de los escritores encarcelados sin justificación alguna, hasta pasó a segundo plano la pérdida del control remoto de mi DVD.
Agradezco a quien tenga que hacerlo el que mi apariencia no sea tan extraña ( o extravagante) pues si bien soy feo, al menos no "parezco sospechoso". Y es que me ha tocado ver cada caso. Una vez detuvieron a un tío que andaba de visita por estas tierras por la simple razón de que tenía acento chilango. Es cierto, acento chilango si tiene, pero si el pobre viene del DF ¿que se podía esperar? Lo peor del caso es que hasta un señor dijo: "Sí, es el que me parece la otra vez (¿cuál, si tenía dos días en la ciudad?) se robó una cartera.
Afortunadamente yo andaba con mi tío (pues me acompañaba a la escuela) y pudimos dejar en claro que no había cometido ningún delito. En honor a la verdad diré que lo que nos ayudó fue una "charola" que yo traía (en aquel entonces creía que ser reportero era una cualidad casi divina) y que logró que los polis nos llevaran hasta la escuela en medio de disculpas.
En fin, el asunto es que es realmente grave y preocupante el dato de Zerk sobre la recompensa a los policías que capturen a "delincuentes".
Uf. Por lo pronto no queda más que recordar a los amigos y conocidos de inusual estampa que se cuiden al ver a los polis. Parece que la estampa tuvo algo que ver en la detención del tal Epigmenio.
Animo muchachos.
Por cierto, sólo por no dejar, si alguien sabe de un control remoto que sirva para un DVD Philco (Sí, ya sé que es marca patito, pero fue todo lo que pude comprar) le pido me avise. No sean gachos. No saben lo horrible que es ver DVD doblados al español.
Los domingos familiares.
Nunca en mi vida había vivido un domingo familiar. Me refiero a un domingo con mi esposa y mi hija.
Y es que pasé muchos domingos con mis padres y mis hermanas; fueron momentos de solaz que no cambiaría por nada. Gracias por esos bellos recuerdos a mis padres y hermanas.
Ayer fue la primera vez que tuve un verdadero domingo familiar con MI familia. He tenido domingos de pareja, y por supuesto que ya hemos pasado más de 70 domingos con la maravillosa presencia de la peque Pau. Pero un domingo lo que se dice familiar, lo tuvimos apenas ayer.
Salimos a caminar, al teatro, a cenar... Por primera vez mi niña tuvo actitudes de niña grande. Yo pensé que nunca llegarían estos días. Todo pasa.
Hasta las enfermedades han quedado de momento en el olvido.
Qué buen día pasé ayer.
Nunca en mi vida había vivido un domingo familiar. Me refiero a un domingo con mi esposa y mi hija.
Y es que pasé muchos domingos con mis padres y mis hermanas; fueron momentos de solaz que no cambiaría por nada. Gracias por esos bellos recuerdos a mis padres y hermanas.
Ayer fue la primera vez que tuve un verdadero domingo familiar con MI familia. He tenido domingos de pareja, y por supuesto que ya hemos pasado más de 70 domingos con la maravillosa presencia de la peque Pau. Pero un domingo lo que se dice familiar, lo tuvimos apenas ayer.
Salimos a caminar, al teatro, a cenar... Por primera vez mi niña tuvo actitudes de niña grande. Yo pensé que nunca llegarían estos días. Todo pasa.
Hasta las enfermedades han quedado de momento en el olvido.
Qué buen día pasé ayer.
lunes, febrero 16, 2004
Al fin sanos.
Después de un mes y medio parece que al fin estamos sanos todos en la casa. Ojalá esta felicidad dure al menos unos seis meses.
Mi mayor deseo es que todos los que lean estas lineas (y aun los que no las lean) se mantengan sanos y felices todo el año.
Aunque tarde, éste es mi deseo para el año que comienza.
P.D. Viva la salud.
Después de un mes y medio parece que al fin estamos sanos todos en la casa. Ojalá esta felicidad dure al menos unos seis meses.
Mi mayor deseo es que todos los que lean estas lineas (y aun los que no las lean) se mantengan sanos y felices todo el año.
Aunque tarde, éste es mi deseo para el año que comienza.
P.D. Viva la salud.
jueves, febrero 12, 2004
Las enfermedades.
El comienzo de este año no ha sido el mejor de mi vida. El mismísimo día dos de enero la pequeña Pau sufrió una no muy ligera gastritis. El diagnóstico del doctor fue por demás asombroso para mí. A sus recién cumplidos dieciocho meses ya está sufriendo una enfermedad que a la mayoría afecta ya entrados en años.
-No se crea –dijo el Doctor- de un tiempo a acá son muchos los niños que sufren este mal.
-Mal de muchos-, pensé. Total que compungidos y adoloridos nos fuimos la casa entre promesas de no volver a darle chicharrones de harina.
A los ocho días exactos, apenas aliviada de su infantil gastritis, la peque se enfrenta a un nuevo monstruo: un moco verde con vida propia (como el del anuncio del Aderogil) que la ataca desde todos los frentes en la casa de unos amigos cuyos hijos, dicho sea de paso, no han estado más de tres días sin tos desde que los conozco hace ya más de dos años.
Visita al pediatra. Otra lista de medicamentos que hacen temblar, otra vez, mi maltrecha economía de inicio de año. A la semana, somos mi esposa y yo los que sufren el ataque de la gripe. Otros ¿mil pesos? a las farmacias del Ahorro ¿ahorro de quién?
Pero las malas nuevas no llegan solas, y la peque Pau sigue con molestias y ahora “parece que tiene neumonía” dice el Doc. Sepa Dios qué significa esa palabra, pero juro por mi madre que al escucharla se me fue el corazón hasta el suelo. Ya me imaginaba a mi niña, mi mayor tesoro, hospitalizada: suero, oxigeno, medicamento. Afortunadamente no llegamos a tanto y sólo tuve que comprar cuatro inyecciones de trescientos pesos cada una que, lo digo con el corazón en la mano, no me dolió pagar en lo más mínimo.
Por supuesto que tantas subidas y bajadas emocionales lograron debilitarme hasta niveles insospechados y el pasado sábado 7 de febrero me atrapó un nuevo virus que, ahora sí, me tumbó en la cama. No recuerdo haber sufrido nunca tanto. Ahora bien si hubiera una escala del uno al diez en donde diez fuera el dolor más fuerte, le daría al de mi garganta un 6 o máximo un 7. No parece mucho, pero si hubiera otra escala similar pero en cuanto a incomodidad, se llevaba un redondo diez. O le inventaba un once.
Creo que nunca en mi vida me sentí tan mal como en estos últimos días: no podía hablar, no podía comer, no podía dormir. No podía ni cagar, pues hasta el más leve pugido hacía que se me desgarrara la garganta. Más aún, nunca en mi vida había faltado al trabajo por culpa de una enfermedad. Este lunes y martes lo hice.
Cuánto me dolió no hacer las cosas que me gustan. Cuánto extrañé a los compañeros. Cuánto sufrí viendo a mi esposa sufrir.
La ansiedad, la angustia y el miedo se apoderaron de mí. En un momento de la madrugada del martes me sentí con ganas de correr a un hospital a pedir ayuda. Sentí que me ahogaba.
Después de estos tres días veo radicalmente distinto a los que soportan una enfermedad. Siempre he pensado que es difícil hacerlo pero ahora, después de un simple dolor de garganta, alcanzo ya a imaginar lo terrible que es estar en cama.
Va mi apoyo moral a todos ellos. Y va también una súplica a quien tiene un enfermo: apóyalo, platícale y soporta con él su dolor. En verdad hace falta.
Por último, gracias a todos lo que me hablaron por teléfono. Gracias por preocuparse. Gracias por acordarse. Gracias por estar ahí.
Reciban un deseo sincero de salud para ustedes y su familia. Hoy creo más que nunca que al tener salud, lo demás no importa.
El comienzo de este año no ha sido el mejor de mi vida. El mismísimo día dos de enero la pequeña Pau sufrió una no muy ligera gastritis. El diagnóstico del doctor fue por demás asombroso para mí. A sus recién cumplidos dieciocho meses ya está sufriendo una enfermedad que a la mayoría afecta ya entrados en años.
-No se crea –dijo el Doctor- de un tiempo a acá son muchos los niños que sufren este mal.
-Mal de muchos-, pensé. Total que compungidos y adoloridos nos fuimos la casa entre promesas de no volver a darle chicharrones de harina.
A los ocho días exactos, apenas aliviada de su infantil gastritis, la peque se enfrenta a un nuevo monstruo: un moco verde con vida propia (como el del anuncio del Aderogil) que la ataca desde todos los frentes en la casa de unos amigos cuyos hijos, dicho sea de paso, no han estado más de tres días sin tos desde que los conozco hace ya más de dos años.
Visita al pediatra. Otra lista de medicamentos que hacen temblar, otra vez, mi maltrecha economía de inicio de año. A la semana, somos mi esposa y yo los que sufren el ataque de la gripe. Otros ¿mil pesos? a las farmacias del Ahorro ¿ahorro de quién?
Pero las malas nuevas no llegan solas, y la peque Pau sigue con molestias y ahora “parece que tiene neumonía” dice el Doc. Sepa Dios qué significa esa palabra, pero juro por mi madre que al escucharla se me fue el corazón hasta el suelo. Ya me imaginaba a mi niña, mi mayor tesoro, hospitalizada: suero, oxigeno, medicamento. Afortunadamente no llegamos a tanto y sólo tuve que comprar cuatro inyecciones de trescientos pesos cada una que, lo digo con el corazón en la mano, no me dolió pagar en lo más mínimo.
Por supuesto que tantas subidas y bajadas emocionales lograron debilitarme hasta niveles insospechados y el pasado sábado 7 de febrero me atrapó un nuevo virus que, ahora sí, me tumbó en la cama. No recuerdo haber sufrido nunca tanto. Ahora bien si hubiera una escala del uno al diez en donde diez fuera el dolor más fuerte, le daría al de mi garganta un 6 o máximo un 7. No parece mucho, pero si hubiera otra escala similar pero en cuanto a incomodidad, se llevaba un redondo diez. O le inventaba un once.
Creo que nunca en mi vida me sentí tan mal como en estos últimos días: no podía hablar, no podía comer, no podía dormir. No podía ni cagar, pues hasta el más leve pugido hacía que se me desgarrara la garganta. Más aún, nunca en mi vida había faltado al trabajo por culpa de una enfermedad. Este lunes y martes lo hice.
Cuánto me dolió no hacer las cosas que me gustan. Cuánto extrañé a los compañeros. Cuánto sufrí viendo a mi esposa sufrir.
La ansiedad, la angustia y el miedo se apoderaron de mí. En un momento de la madrugada del martes me sentí con ganas de correr a un hospital a pedir ayuda. Sentí que me ahogaba.
Después de estos tres días veo radicalmente distinto a los que soportan una enfermedad. Siempre he pensado que es difícil hacerlo pero ahora, después de un simple dolor de garganta, alcanzo ya a imaginar lo terrible que es estar en cama.
Va mi apoyo moral a todos ellos. Y va también una súplica a quien tiene un enfermo: apóyalo, platícale y soporta con él su dolor. En verdad hace falta.
Por último, gracias a todos lo que me hablaron por teléfono. Gracias por preocuparse. Gracias por acordarse. Gracias por estar ahí.
Reciban un deseo sincero de salud para ustedes y su familia. Hoy creo más que nunca que al tener salud, lo demás no importa.
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