Lo que pienso mientras pasan los minutos muertos.
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jueves, agosto 13, 2009
El teléfono, tirano insensible
Alguna vez leí que un hombre se hizo millonario gracias a que trabajaba como telefonista en un hotel. Gracias a su empleo, podía escuchar las pláticas de los huéspedes y con esa información, tenía ventaja sobre los demás para hacer negocios.
Quizá sea una leyenda urbana, pero al escucharla me sentí atraído a ver con más detalle los cambios que ese aparato ahora indispensable nos ha obligado a hacer en las relaciones humanas. Lo primero que ha llamado mi atención es el valor intrínseco que le damos al teléfono. No hay plática, por muy importante o necesaria que sea, que resista al timbre de un teléfono. “¿Cómo voy a dejar que suene sin contestar? ¿Qué tal si es algo importante?”. Eso es una tiranía absoluta. Dado que no sabes quién está al otro lado de la línea, te ves obligado a responder.
Ni qué decir de cuando el teléfono suena a altas horas de la noche, o en la madrugada. El timbre se convierte en ave de mal agüero. Una vez que un teléfono suena a deshoras, es imposible conciliar el sueño.
La llegada del celular vino a complicar todavía más las cosas. Antes el teléfono se quedaba en la casa o en la oficina. Salías a caminar con la seguridad de que podías dedicar a tu interlocutor un tiempo único. Ahora he visto parejas en las que uno de los dos tiene el teléfono al oído y el otro, está con ganas de tirarle una piedra y largarse del lugar.
Lo anterior tiene que ver también con el respeto a tu interlocutor. Para demostrarle que le valoras y que lo respetas, al menos podrías poner el celular en modo silencioso. O en las oficinas, donde el ego de algunos está en directa proporción a las veces en que el teléfono le exige su atención y esa persona, jactándose, deja a los otros con la palabra en la boca.
Todo lo anterior, aunque molesto, es parte de la vida cotidiana y es imposible cambiarlo. Y casi me acostumbro a ello. Pero lo que todavía no entiendo, y me parece aberrante, es la nueva práctica de extorsionar a través del teléfono. Valiéndose del anonimato, muchos están haciendo de la extorsión su modo de vida.
Hace poco una señora de edad avanzada recibió una llamada de esas. Poco faltó para que su salud se viera seriamente dañada. Aunque todo resultó ser falso, el trago amargo no se lo quita nadie. Ella y su familia han sufrido durante días el dolor lacerante de pensar que pudo ser cierto el secuestro. La tranquilidad de la casa se ha visto afectada. Ya nadie duerme igual. El teléfono no lo contestan si es un número desconocido, o peor, si aparece como privado. El identificador de llamadas no sirve de mucho.
El tirano que antes sólo interrumpía pláticas hoy ha roto la tranquilidad de muchas familias. Todos dejamos que el teléfono se metiera en nuestras vidas. Ya no hay forma de echarlo fuera.
Alguna vez leí que un hombre se hizo millonario gracias a que trabajaba como telefonista en un hotel. Gracias a su empleo, podía escuchar las pláticas de los huéspedes y con esa información, tenía ventaja sobre los demás para hacer negocios.
Quizá sea una leyenda urbana, pero al escucharla me sentí atraído a ver con más detalle los cambios que ese aparato ahora indispensable nos ha obligado a hacer en las relaciones humanas. Lo primero que ha llamado mi atención es el valor intrínseco que le damos al teléfono. No hay plática, por muy importante o necesaria que sea, que resista al timbre de un teléfono. “¿Cómo voy a dejar que suene sin contestar? ¿Qué tal si es algo importante?”. Eso es una tiranía absoluta. Dado que no sabes quién está al otro lado de la línea, te ves obligado a responder.
Ni qué decir de cuando el teléfono suena a altas horas de la noche, o en la madrugada. El timbre se convierte en ave de mal agüero. Una vez que un teléfono suena a deshoras, es imposible conciliar el sueño.
La llegada del celular vino a complicar todavía más las cosas. Antes el teléfono se quedaba en la casa o en la oficina. Salías a caminar con la seguridad de que podías dedicar a tu interlocutor un tiempo único. Ahora he visto parejas en las que uno de los dos tiene el teléfono al oído y el otro, está con ganas de tirarle una piedra y largarse del lugar.
Lo anterior tiene que ver también con el respeto a tu interlocutor. Para demostrarle que le valoras y que lo respetas, al menos podrías poner el celular en modo silencioso. O en las oficinas, donde el ego de algunos está en directa proporción a las veces en que el teléfono le exige su atención y esa persona, jactándose, deja a los otros con la palabra en la boca.
Todo lo anterior, aunque molesto, es parte de la vida cotidiana y es imposible cambiarlo. Y casi me acostumbro a ello. Pero lo que todavía no entiendo, y me parece aberrante, es la nueva práctica de extorsionar a través del teléfono. Valiéndose del anonimato, muchos están haciendo de la extorsión su modo de vida.
Hace poco una señora de edad avanzada recibió una llamada de esas. Poco faltó para que su salud se viera seriamente dañada. Aunque todo resultó ser falso, el trago amargo no se lo quita nadie. Ella y su familia han sufrido durante días el dolor lacerante de pensar que pudo ser cierto el secuestro. La tranquilidad de la casa se ha visto afectada. Ya nadie duerme igual. El teléfono no lo contestan si es un número desconocido, o peor, si aparece como privado. El identificador de llamadas no sirve de mucho.
El tirano que antes sólo interrumpía pláticas hoy ha roto la tranquilidad de muchas familias. Todos dejamos que el teléfono se metiera en nuestras vidas. Ya no hay forma de echarlo fuera.
miércoles, marzo 25, 2009
Principios para la convivencia materna
El 18 de enero me asomé al abismo que corre al otro lado de la vida. Ese día falleció mi mamá. Luego de veinte días de tortura su espíritu se fue a descansar. Todo el sufrimiento que compartimos fue valioso porque me permitió conocer a la mujer fuerte y valerosa que siempre fue, aun en los momentos más amargos. Lloré lo que pude llorar, sufrí todo lo que pude sufrir, y a petición de ella, he regresado a los caminos de la vida. Mi madre, la luchadora.
Para ser feliz en la vida es de mucha ayuda tener una gran mamá. Lo puedo atestiguar. Gracias a que tuve una madre excepcional es que puedo hablar de estos principios simples, ella me los enseñó:
1. Pase lo que pase, una mamá siempre tiene dinero en el monedero. Este pincipio aplica para lo sumamente urgente, como cosas para la escuela o comida. Así que no abuses, no pidas lo que no necesitas.
2. Una mamá siempre sabe cuando le mientes. A veces no te lo dice, pero lo intuye y eso la puede hacer sufrir. Sé lo más honesto posible.
3. Pídele ayuda. Sus consejos están marcados por el amor, eso no puede ser malo.
4. No la atosigues con tus problemas, ella tiene los propios. Pide ayuda pero no abuses.
5. Aunque una mamá siempre está para ayudar, no permitas que haga todo por ti. Si puedes hacerlo, hazlo.
6. Demuéstrale que has madurado. Que vea que puedes hacerte cargo de tu propia vida y tomar tus decisiones.
7. Si decides casarte, corta el cordón umbilical tan pronto como sea posible. Tu madre siempre será tu madre, ella lo sabe, pero quiere y debe verte responsable con tu pareja.
8. Si ya no estás en casa llámala por teléfono, escríbele una carta, mándale flores. No esperes al diez de mayo.
9. Cuando la visites, llega de buen humor. Sean felices juntos. Olviden los problemas. Disfruten los minutos de compañía.
10. Quiérela como es. Tú fuiste quien entró en su vida, no ella en la tuya.
Nuestra madre nos ha dado todo. Nos ofreció su cuerpo para nacer. Nos ayudó a sobrevivir al amamantarnos. Nos hemos metido en su vida y hemos sacado todo lo que hemos podido. Ella no se ha guardado nada.
Ahora que se acerca el día de las madres recuerdo que casi no lo celebrábamos. Ella odiaba los restaurantes repletos, los regalos forzados, las flores obligadas. Prefirió una flor en los días inesperados, o en su cumpleaños. –Regálame flores en vida, no cuando esté muerta, decía copiando la frase de mi abuela.
No voy a decir que fui un gran hijo, o un hijo modelo, pero sí puedo decir que hice todo lo que pude para que ella supiera que siempre estuvo en mi pensamiento, que siempre podía contar conmigo, tanto como yo con ella.
Ahora me arrepiento de no haberla abrazado más, besado más, llamado más. Ya ningún lamento cuenta, porque ella no está conmigo. Aunque sus enseñanzas se quedarán en mí, su ausencia física me duele.
Una vez me mandó una tarjeta en donde me decía lo orgullosa que se sentía de mí, no por mis logros, sino por mi esfuerzo por salir adelante. Para ella el camino era más importante que el destino, por eso disfrutaba cada día.
Tú que aún tienes a tu mamá contigo no pierdas el tiempo. Corre a llamarla, a abrazarla, a amarla. Corre.
El 18 de enero me asomé al abismo que corre al otro lado de la vida. Ese día falleció mi mamá. Luego de veinte días de tortura su espíritu se fue a descansar. Todo el sufrimiento que compartimos fue valioso porque me permitió conocer a la mujer fuerte y valerosa que siempre fue, aun en los momentos más amargos. Lloré lo que pude llorar, sufrí todo lo que pude sufrir, y a petición de ella, he regresado a los caminos de la vida. Mi madre, la luchadora.
Para ser feliz en la vida es de mucha ayuda tener una gran mamá. Lo puedo atestiguar. Gracias a que tuve una madre excepcional es que puedo hablar de estos principios simples, ella me los enseñó:
1. Pase lo que pase, una mamá siempre tiene dinero en el monedero. Este pincipio aplica para lo sumamente urgente, como cosas para la escuela o comida. Así que no abuses, no pidas lo que no necesitas.
2. Una mamá siempre sabe cuando le mientes. A veces no te lo dice, pero lo intuye y eso la puede hacer sufrir. Sé lo más honesto posible.
3. Pídele ayuda. Sus consejos están marcados por el amor, eso no puede ser malo.
4. No la atosigues con tus problemas, ella tiene los propios. Pide ayuda pero no abuses.
5. Aunque una mamá siempre está para ayudar, no permitas que haga todo por ti. Si puedes hacerlo, hazlo.
6. Demuéstrale que has madurado. Que vea que puedes hacerte cargo de tu propia vida y tomar tus decisiones.
7. Si decides casarte, corta el cordón umbilical tan pronto como sea posible. Tu madre siempre será tu madre, ella lo sabe, pero quiere y debe verte responsable con tu pareja.
8. Si ya no estás en casa llámala por teléfono, escríbele una carta, mándale flores. No esperes al diez de mayo.
9. Cuando la visites, llega de buen humor. Sean felices juntos. Olviden los problemas. Disfruten los minutos de compañía.
10. Quiérela como es. Tú fuiste quien entró en su vida, no ella en la tuya.
Nuestra madre nos ha dado todo. Nos ofreció su cuerpo para nacer. Nos ayudó a sobrevivir al amamantarnos. Nos hemos metido en su vida y hemos sacado todo lo que hemos podido. Ella no se ha guardado nada.
Ahora que se acerca el día de las madres recuerdo que casi no lo celebrábamos. Ella odiaba los restaurantes repletos, los regalos forzados, las flores obligadas. Prefirió una flor en los días inesperados, o en su cumpleaños. –Regálame flores en vida, no cuando esté muerta, decía copiando la frase de mi abuela.
No voy a decir que fui un gran hijo, o un hijo modelo, pero sí puedo decir que hice todo lo que pude para que ella supiera que siempre estuvo en mi pensamiento, que siempre podía contar conmigo, tanto como yo con ella.
Ahora me arrepiento de no haberla abrazado más, besado más, llamado más. Ya ningún lamento cuenta, porque ella no está conmigo. Aunque sus enseñanzas se quedarán en mí, su ausencia física me duele.
Una vez me mandó una tarjeta en donde me decía lo orgullosa que se sentía de mí, no por mis logros, sino por mi esfuerzo por salir adelante. Para ella el camino era más importante que el destino, por eso disfrutaba cada día.
Tú que aún tienes a tu mamá contigo no pierdas el tiempo. Corre a llamarla, a abrazarla, a amarla. Corre.
viernes, junio 01, 2007
Arriba de estas líneas encontrarás un jueguito que me encontré navegando. Se trata de responder tan pronto como sea posible al cambio de color del cuadro. Inténtalo.
Saludos.
Saludos.
miércoles, mayo 30, 2007
A ver si ahora sí me pongo al corriente con los escritos. Jejeje.
Saludos.
Saludos.
Etiquetas: De regreso
jueves, marzo 30, 2006
La Reforma a la Ley de Radio y Televisión.
Cuánto me gustaría no ser tan malo para escribir. Esta forma de pensar es la que me hace detenerme al momento de escribir un nuevo post.
Pero esta autocensura es rebasada por la vergüenza que me da ver la forma de actuar de los políticos del país. Ni para que gastar más bytes en discutir la forma grotesca en que los políticos se inclinan ante televisa. Mejor quiero utilizar este espacio para pedir a los mexicanos a que hagan un análisis de lo que pasa en la política del país.
Prefiero también solicitar a los legisladores que aprueben una herramienta que nos permita acceder a los debates y poder echar abajo las tarugadas que a nuestras espaldas hacen.
Por que en este momento una vez hecha la tarugada, no hay forma de dar para atrás.
O que al menos pudiéramos mandar a la goma a los legisladores que, a todas luces, legislan sólo para los poderosos.
Si se aprueba la reforma no dudo que más tarde que temprano estará Miguel Lucero Palma en “Televisa México”. Casi puedo asegurar que ese será el pago. Y para él será fácil conducir un programa de televisión, como tiene ya tanta experiencia en medios… (Claro que estas últimas siete palabras son irónicas)
Cuánto me gustaría no ser tan malo para escribir. Esta forma de pensar es la que me hace detenerme al momento de escribir un nuevo post.
Pero esta autocensura es rebasada por la vergüenza que me da ver la forma de actuar de los políticos del país. Ni para que gastar más bytes en discutir la forma grotesca en que los políticos se inclinan ante televisa. Mejor quiero utilizar este espacio para pedir a los mexicanos a que hagan un análisis de lo que pasa en la política del país.
Prefiero también solicitar a los legisladores que aprueben una herramienta que nos permita acceder a los debates y poder echar abajo las tarugadas que a nuestras espaldas hacen.
Por que en este momento una vez hecha la tarugada, no hay forma de dar para atrás.
O que al menos pudiéramos mandar a la goma a los legisladores que, a todas luces, legislan sólo para los poderosos.
Si se aprueba la reforma no dudo que más tarde que temprano estará Miguel Lucero Palma en “Televisa México”. Casi puedo asegurar que ese será el pago. Y para él será fácil conducir un programa de televisión, como tiene ya tanta experiencia en medios… (Claro que estas últimas siete palabras son irónicas)
martes, agosto 30, 2005
Nuestra pinche idiosincracia mexicana.
Diariamente me enfrento a las actitudes características del mexicano: el que busca un conocido o una "palanca" en las oficinas de gobierno par agilizar un trámite; el que dialoga con el agente de vialidad para lograr "arreglarse" sin pagar una multa; el que se pasa los altos aunque con precaución. De entre todas estas escenas una que me molesta sobremanera es la que veo diariamente camino al trabajo:
Resulta que en una de las pricipales avenidas de la ciudad están construyendo un puente. Las obras obligan a disminuir la vialidad de tres a un carril, obvio es el caos que se genera en el lugar, sobre todo en las horas pico. Del hecho lo más lamentable es la gran cantidad de conductores que deciden no respetar la linea y tratan de ahorrarse la mayor cantidad posible de tiempo. Temerariamente se lanzan al principio de la fila y se meten cual judiciales valemadristas.
Ni siquiera me interes saber los motivos, lo que me queda claro es que esa actitud sólo demustra las ganas de pasarse a los demás por el arco del triunfo. Es resultado de sentirse superior a los otros. Es una muestra de que en México cada quien busca su beneficio sin importarle a quien pisa.
Me molesta por que yo sí me levanto temprano. Me molesta porque yo sí respeto el lugar de los demás.
En ocasiones hay agentes de vialidad en el area. !Qué rápido se avanza cuando todos se forman! Pero cuando llegan los abusones aquello se vuelve un concierto de arrancones, pitidos y mentadas de madre.
Pinches abusones hasta a mí, generalmente tranquilo, me hacen despotricar.
Diariamente me enfrento a las actitudes características del mexicano: el que busca un conocido o una "palanca" en las oficinas de gobierno par agilizar un trámite; el que dialoga con el agente de vialidad para lograr "arreglarse" sin pagar una multa; el que se pasa los altos aunque con precaución. De entre todas estas escenas una que me molesta sobremanera es la que veo diariamente camino al trabajo:
Resulta que en una de las pricipales avenidas de la ciudad están construyendo un puente. Las obras obligan a disminuir la vialidad de tres a un carril, obvio es el caos que se genera en el lugar, sobre todo en las horas pico. Del hecho lo más lamentable es la gran cantidad de conductores que deciden no respetar la linea y tratan de ahorrarse la mayor cantidad posible de tiempo. Temerariamente se lanzan al principio de la fila y se meten cual judiciales valemadristas.
Ni siquiera me interes saber los motivos, lo que me queda claro es que esa actitud sólo demustra las ganas de pasarse a los demás por el arco del triunfo. Es resultado de sentirse superior a los otros. Es una muestra de que en México cada quien busca su beneficio sin importarle a quien pisa.
Me molesta por que yo sí me levanto temprano. Me molesta porque yo sí respeto el lugar de los demás.
En ocasiones hay agentes de vialidad en el area. !Qué rápido se avanza cuando todos se forman! Pero cuando llegan los abusones aquello se vuelve un concierto de arrancones, pitidos y mentadas de madre.
Pinches abusones hasta a mí, generalmente tranquilo, me hacen despotricar.
lunes, junio 06, 2005
Los nuevos pasquineros.
Una nueva lacra se ha dejado sentir en el ya de por si vapuleado medio periodístico de la localidad: las páginas electrónicas supuestamente periodísticas.
El ejercicio en sí no es malo, lo realmente lamentable es la repetición de las viejas prácticas que convierten al periodismo en el segundo oficio más viejo del mundo: la adulación (y adulan porque de plano prostituirse no pueden).
Recuerdo con asco la aparición, por generación espontanea, de pasquines politiqueros en fechas previas a las elecciones: seudoperiodistas dispuestos a decir lo que fuera con tal de pellizcar un poco del presupuesto electoral: Prostitución en su máxima expresión. Muy poco había de bueno en tales prácticas, pero al menos se trataba de un proceso en el que exisitía la obligación de escribir, diseñar, imprimir y distribuir. Hoy ya ni eso quieren hacer. Hoy basta con tener acceso a una cuenta de internet, un mínimo de esfuerzo y una gran capacidad de refritaje. Y si las cosas están mal escritas o si la información es erronea no pasa nada: todo el poder está en un click. Click y cambias, click y borras.
He dado un repaso ligero por las páginas virtuales de al menos cinco portales de la ciudad: ninguno tiene archivo histórico, ni linea editorial, es más, en muchos casos ni siquiera sabes quién es el responsable del sitio. Eso sí, en todos encuentras un link de los gobiernos municipal y estatal. Eso en los viejos tiempos se llamaba chayo.
Ni qué decir de la poca difusión de estos sitios entre la comunidad. A ninguno de los directivos de dichos portales le importa que los lean (lo que a final de cuentas debería ser su principal preocupación), lo único importante es que sirvan para allegarse dinero. Por cierto, dinero de los contribuyentes, y es que la efectividad de dichos portales es facil de reconocer, basta notar que menos, menos del 5% de los anunciantes son de la iniciativa privada: como que ellos sí saben cuidar su dinero.
Pero lo anterior no es todo lo lamentable, parece que nadie en el gobierno (y mucho menos los ciudadanos) se dan cuenta de estas cosas.
Una nueva lacra se ha dejado sentir en el ya de por si vapuleado medio periodístico de la localidad: las páginas electrónicas supuestamente periodísticas.
El ejercicio en sí no es malo, lo realmente lamentable es la repetición de las viejas prácticas que convierten al periodismo en el segundo oficio más viejo del mundo: la adulación (y adulan porque de plano prostituirse no pueden).
Recuerdo con asco la aparición, por generación espontanea, de pasquines politiqueros en fechas previas a las elecciones: seudoperiodistas dispuestos a decir lo que fuera con tal de pellizcar un poco del presupuesto electoral: Prostitución en su máxima expresión. Muy poco había de bueno en tales prácticas, pero al menos se trataba de un proceso en el que exisitía la obligación de escribir, diseñar, imprimir y distribuir. Hoy ya ni eso quieren hacer. Hoy basta con tener acceso a una cuenta de internet, un mínimo de esfuerzo y una gran capacidad de refritaje. Y si las cosas están mal escritas o si la información es erronea no pasa nada: todo el poder está en un click. Click y cambias, click y borras.
He dado un repaso ligero por las páginas virtuales de al menos cinco portales de la ciudad: ninguno tiene archivo histórico, ni linea editorial, es más, en muchos casos ni siquiera sabes quién es el responsable del sitio. Eso sí, en todos encuentras un link de los gobiernos municipal y estatal. Eso en los viejos tiempos se llamaba chayo.
Ni qué decir de la poca difusión de estos sitios entre la comunidad. A ninguno de los directivos de dichos portales le importa que los lean (lo que a final de cuentas debería ser su principal preocupación), lo único importante es que sirvan para allegarse dinero. Por cierto, dinero de los contribuyentes, y es que la efectividad de dichos portales es facil de reconocer, basta notar que menos, menos del 5% de los anunciantes son de la iniciativa privada: como que ellos sí saben cuidar su dinero.
Pero lo anterior no es todo lo lamentable, parece que nadie en el gobierno (y mucho menos los ciudadanos) se dan cuenta de estas cosas.
jueves, mayo 19, 2005
Va mi aportación para las cuestiones de género.
Quizá soy un misógino empedernido o tal vez soy todo lo contrario. El caso es que me molesta sobremanera la forma en que algunos tratan de “encuadrar” a la mujer dentro de nuestro machista léxico. No sé mucho de idiomas, pero al menos en inglés sé que no existe esa rivalidad de género, llevada al extremo, entre las palabras. La verdadera discusión respecto a las diferencias e igualdades de género debe enfocarse en temas más relevantes y trascendentes, no en el uso correcto, propio o impropio de las palabras.
¿Alguien realmente cree que al decir “buenos días a todas y todos” se está eliminando el desprecio que probablemente siente por las mujeres? Yo no creo, yo no creo.
Ese discurso incluyente pero superficial se parece al discurso político que cree que por pagar espectaculares, anuncios en el periódico y spots de radio y televisión (es decir, por pregonar lo poco que se hace) se hace verdad una mentira.
Mi propuesta es que acabemos con esas diferencias de género palabreras y que asumamos un nuevo discurso: el de las palabras sin sexo:
El lugar de decir todos y todas, digamos todes.
En lugar de niños y niñas digamos niñes.
En lugar de decir los o las digamos les.
Ejemplos:
“Dile a les niñes que vengan a comer”
“Elles son responsables de sus actos.”
“Cállense todes y respeten a sus maestres”
Imaginen lo maravilloso de este recurso: Si un día llegas a una reunión, convención o evento gay (cada quien sabrá a qué lugares va y por qué razones) no tendrás el problema de decidir si los que te escuchan son hombres convertidos en mujeres o al revés, simplemente dices “Cómo están todes” y asunto arreglado.
El problema está en palabras como trabajadores o diseñadores. Tal vez en esos casos le pidamos ayuda a la u.
Quizá soy un misógino empedernido o tal vez soy todo lo contrario. El caso es que me molesta sobremanera la forma en que algunos tratan de “encuadrar” a la mujer dentro de nuestro machista léxico. No sé mucho de idiomas, pero al menos en inglés sé que no existe esa rivalidad de género, llevada al extremo, entre las palabras. La verdadera discusión respecto a las diferencias e igualdades de género debe enfocarse en temas más relevantes y trascendentes, no en el uso correcto, propio o impropio de las palabras.
¿Alguien realmente cree que al decir “buenos días a todas y todos” se está eliminando el desprecio que probablemente siente por las mujeres? Yo no creo, yo no creo.
Ese discurso incluyente pero superficial se parece al discurso político que cree que por pagar espectaculares, anuncios en el periódico y spots de radio y televisión (es decir, por pregonar lo poco que se hace) se hace verdad una mentira.
Mi propuesta es que acabemos con esas diferencias de género palabreras y que asumamos un nuevo discurso: el de las palabras sin sexo:
El lugar de decir todos y todas, digamos todes.
En lugar de niños y niñas digamos niñes.
En lugar de decir los o las digamos les.
Ejemplos:
“Dile a les niñes que vengan a comer”
“Elles son responsables de sus actos.”
“Cállense todes y respeten a sus maestres”
Imaginen lo maravilloso de este recurso: Si un día llegas a una reunión, convención o evento gay (cada quien sabrá a qué lugares va y por qué razones) no tendrás el problema de decidir si los que te escuchan son hombres convertidos en mujeres o al revés, simplemente dices “Cómo están todes” y asunto arreglado.
El problema está en palabras como trabajadores o diseñadores. Tal vez en esos casos le pidamos ayuda a la u.
sábado, abril 16, 2005
La muerte cuando se acerca.
Ayer me enteré de la muerte de Ramiro Bastidos. Un compa que supo hacerse odiar por muchos. Yo incluido. Sin embargo la muerte remueve los recuerdos y escarba donde uno cree que no hay nada enterrado. Ayer pensé en Ramiro. Recordé su gesto adusto, su mirada de sabio viendonos por arriba del hombro. No pude evitar una sonrisa. A fin de cuentas ya no está con nosotros.
Murió ayer 15 de abril en Chihuahua, a las nueve de la mañana, mientras iba en camino a montar un stand para una expo. Sí me pudo, me entristeció.
Me gustaría decir muchas cosas buenas de él, pero no las recuerdo. Lo que sí tengo claro en la mente es que se cumplió su profesía:
-Cuando me vaya -decía en referencia a que si lo corrían- voy a dejar todo el equipo desconectado. A ver cómo le hacen.
Méndigo Ramiro, lo cumplió.
Ayer me enteré de la muerte de Ramiro Bastidos. Un compa que supo hacerse odiar por muchos. Yo incluido. Sin embargo la muerte remueve los recuerdos y escarba donde uno cree que no hay nada enterrado. Ayer pensé en Ramiro. Recordé su gesto adusto, su mirada de sabio viendonos por arriba del hombro. No pude evitar una sonrisa. A fin de cuentas ya no está con nosotros.
Murió ayer 15 de abril en Chihuahua, a las nueve de la mañana, mientras iba en camino a montar un stand para una expo. Sí me pudo, me entristeció.
Me gustaría decir muchas cosas buenas de él, pero no las recuerdo. Lo que sí tengo claro en la mente es que se cumplió su profesía:
-Cuando me vaya -decía en referencia a que si lo corrían- voy a dejar todo el equipo desconectado. A ver cómo le hacen.
Méndigo Ramiro, lo cumplió.
jueves, abril 14, 2005
Me encontré este post en dobleblog.blogspot.com
Es, creo, muy interesante. Así que transcribo lo transcrito por mi compa Daedalus, nomás pa' que se den un quemón.
IMAGINANDO LO PEOR
Por José Manuel Villalpando
Invito al amable lector a que haga conmigo un ejercicio de imaginación. Para ello, le pido que me siga paso a paso y que me permita llevarlo en un viaje por el tiempo: Imaginemos que estamos en el momento preciso de la elección presidencial; es más, ubiquémonos en el día previo al que democráticamente, la nación manifestará su voluntad para decidir quien será el presidente de la República. Todo el país está a la expectativa, pues la campaña electoral ha sido no solo efervescente sino hasta angustiante, con no pocos roces y golpes bajos, difamaciones y calumnias entre los contendientes, empeñados todos en conquistar el favor del electorado. Tres han sido los candidatos que han competido en esta elección. Para identificarlos, asignémosle a cada uno de ellos una letra. Tendremos así al candidato A, al candidato B y al candidato C.
Digamos ahora que el candidato A es el favorito del presidente de la República en turno; descaradamente, el jefe del ejecutivo ha hecho campaña a favor del candidato A, que es su candidato y el del partido en el poder. Pero no solo eso: se sabe que el candidato A, aprovechando su posición relevante como secretario de estado, ha creado redes de partidarios por toda la nación, financiadas, se dice, con el erario público. ¿Quién es el candidato A? La verdad que es un advenedizo, con pocos años de experiencia política. Ya participó en una elección pero fue derrotado. Sin embargo, al perder, salió ganando porque fue invitado al gabinete presidencial desde donde preparó por largo tiempo su candidatura. El candidato A es de buena y aristocrática familia, su apellido es de abolengo y sus finas maneras y educados modales llaman la atención. El presidente en turno, literalmente, lo adora, y como él no ha podido con el paquete de hacer avanzar al país en esta primera oportunidad de un gobierno democráticamente electo, está seguro que el candidato A si podrá hacerlo, máxime que se trata de un hombre distinguido y con buenas relaciones.
Veamos ahora al candidato B. Él es en realidad, un emisario del pasado, representante del régimen aplastado por la voluntad nacional. No oculta su predilección, públicamente reconocida, por las virtudes y bondades que tenía el antiguo orden de cosas. Es más, pregona que solo hombres como él tienen la capacidad y la experiencia de gobernar a este país que necesita de la tutela de gobiernos un tanto autoritarios. Personalmente no vale gran cosa, pero tiene la ventaja de que los hombres que en el pasado gobernaron ya no son nada en el horizonte político mexicano, cartuchos quemados diría en su lenguaje peculiar. El candidato B está orgulloso de su militancia tricolor, seguro de que la enseña patria pertenece por derecho a él y a los que forman su partido, en el que, aunque las disputas internas lo corroen, lograron ponerse de acuerdo para postularlo a la elección presidencial, con la creencia de que el prestigio que les da el llamarse defensores de la independencia y de la soberanía, les atraerá el número de votos suficientes para recuperar el poder y volver triunfantes al palacio para retornar a los modos y costumbres políticas de antaño. El candidato B abomina del presidente en turno, del candidato A y del partido que lo apoya, porque cree que son arribistas que por casualidad se adueñaron de la presidencia de la República, por lo que debe arrojarlos de ella y reconquistarla para quienes se sienten los verdaderos representantes de la nación mexicana.
Pero el candidato A y el candidato B tienen algo en común y no solo el hecho de que sus dos respectivos partidos se han entendido más o menos bien en algunos temas de interés nacional: deben vencer al candidato C y a su partido. El candidato C es un hombre con pocas luces, con gran dificultad para hablar, con ideas francamente peligrosas, calificadas de populistas. Dicen sus partidarios que es el ídolo del pueblo, que lo aplaude y lo sigue porque es parte de ellos, porque habla como ellos, porque piensa por ellos, porque sus propias limitaciones lo hacen sentirlo como si fuera de ellos. El candidato C no oculta sus deseos de ser presidente. En un hombre ambicioso que se ha rodeado de las más despreciables figuras políticas, cuyas ideologías son abiertamente contrarias al interés de una nación que acaba de obtener sus derechos y que está aprendiendo a ejercerlos. Los hombres del candidato C tienen además fama de corruptos, de ineptos y de aborrecer a las clases sociales acomodadas.
El candidato C amenazó con el estallido social si se le obstruía el acceso a su candidatura presidencial, por lo que, a pesar de que podrían haberlo metido a la cárcel, lo dejaron libre, con la intención de derrotarlo en las urnas. Por su parte, los hombres de su partido, formado esencialmente por tránsfugas de los otros partidos y por viejos luchadores de causas populares, no aceptan transacción alguna: quieren el poder absoluto para imponer sus ideas y para transformar al país conforme al modelo que imperativamente, aseguran, es el que desea la mayor parte de la población, aquella parte formada por los pobres y los desposeídos.
Imagine ahora conmigo el amable lector, que llegamos al día de la elección y que al filo de la media noche se dan a conocer los resultados. ¿Quién ganó en este escenario imaginario? Nada más y nada menos que el candidato A, quien obtuvo el 45% de los votos. En segundo lugar quedó el candidato C, con el 35% de los sufragios y por último, el candidato B solo alcanzó el 15%. En el conteo final, un 5% de votos fue anulado. Los resultados son inobjetables y la elección se desarrolló limpiamente. Sería de suponerse entonces, que los candidatos derrotados aceptarían los resultados electorales y que reconocerían de inmediato el triunfo del candidato A. Pero no, y antes al contrario, demostrándonos que este país no ha madurado políticamente y que todavía dependemos de los caprichos de los caudillos.
Sigamos con el ejercicio imaginario para ver lo que sucedió después: El candidato B, deprimido, desaparece por completo y sus voceros dicen que no se reconocerá el triunfo del candidato A porque su partido se niega a aceptar la derrota hasta que se hayan resuelto todas las impugnaciones, como si todavía alentaran esperanzas después de la paliza que les dieron en las urnas. En cambio, el candidato C se comporta de manera diferente: de inmediato acusa al candidato A y a su partido de haber hecho fraude electoral y conmina y arenga a sus seguidores a lanzarse a la resistencia civil y luego a la acción directa para impedir que el candidato A se convierta en presidente.
Entonces, los partidarios del candidato C se lanzan en efecto a las calles y plazas de las ciudades. Literalmente lo invaden todo ante el estupor de los demás ciudadanos que han sufragado libremente y miran como la autoridad es incapaz de contener la marea humana de la plebe que lo arroya todo a su paso. El candidato C está orgulloso de sus huestes y las exhorta a posesionarse de la capital y a presionar al gobierno, a las autoridades electorales, a las judiciales y al congreso. La plebe se enardece y decide asaltar las tiendas, los centros comerciales, las casas habitación de las familias acomodadas. Para colmo, la fuerza pública, obedeciendo a los amigos del candidato C, se pone del lado de los amotinados y contribuye a la violencia y a los saqueos. El gobierno cede ante la fuerza de los hechos. El candidato A renuncia públicamente a su triunfo, pero el congreso, más asustado aún, declara que su elección fue nula y que el verdadero vencedor de la contienda lo es el candidato C, a quien le entrega la constancia que lo acredita como el próximo presidente de la República.
Terminemos con ya con este dantesco ejercicio imaginario. Sepa el lector que estamos hablando del año de 1828 y no del 2006. Le daré algunas claves más: el candidato A es el general Manuel Gómez Pedraza, ministro en el gabinete del presidente Guadalupe Victoria. El candidato B es el general Anastasio Bustamante, antiguo trigarante y continuador de la obra de Iturbide. El candidato C es el general Vicente Guerrero, predilecto de las clases populares y quien se empeñaba en implantar en México las ideas masónicas norteamericanas. La historia narrada es absolutamente cierta: se le conoce como el “motín de la Acordada”. Esta fue la manera, ilegal e ilegítima, como Guerrero llegó a la presidencia de la República. Y luego dicen que la historia no puede repetirse.
Abogado e historiador
historia_circular arroba yahoo.com.mx
Es, creo, muy interesante. Así que transcribo lo transcrito por mi compa Daedalus, nomás pa' que se den un quemón.
IMAGINANDO LO PEOR
Por José Manuel Villalpando
Invito al amable lector a que haga conmigo un ejercicio de imaginación. Para ello, le pido que me siga paso a paso y que me permita llevarlo en un viaje por el tiempo: Imaginemos que estamos en el momento preciso de la elección presidencial; es más, ubiquémonos en el día previo al que democráticamente, la nación manifestará su voluntad para decidir quien será el presidente de la República. Todo el país está a la expectativa, pues la campaña electoral ha sido no solo efervescente sino hasta angustiante, con no pocos roces y golpes bajos, difamaciones y calumnias entre los contendientes, empeñados todos en conquistar el favor del electorado. Tres han sido los candidatos que han competido en esta elección. Para identificarlos, asignémosle a cada uno de ellos una letra. Tendremos así al candidato A, al candidato B y al candidato C.
Digamos ahora que el candidato A es el favorito del presidente de la República en turno; descaradamente, el jefe del ejecutivo ha hecho campaña a favor del candidato A, que es su candidato y el del partido en el poder. Pero no solo eso: se sabe que el candidato A, aprovechando su posición relevante como secretario de estado, ha creado redes de partidarios por toda la nación, financiadas, se dice, con el erario público. ¿Quién es el candidato A? La verdad que es un advenedizo, con pocos años de experiencia política. Ya participó en una elección pero fue derrotado. Sin embargo, al perder, salió ganando porque fue invitado al gabinete presidencial desde donde preparó por largo tiempo su candidatura. El candidato A es de buena y aristocrática familia, su apellido es de abolengo y sus finas maneras y educados modales llaman la atención. El presidente en turno, literalmente, lo adora, y como él no ha podido con el paquete de hacer avanzar al país en esta primera oportunidad de un gobierno democráticamente electo, está seguro que el candidato A si podrá hacerlo, máxime que se trata de un hombre distinguido y con buenas relaciones.
Veamos ahora al candidato B. Él es en realidad, un emisario del pasado, representante del régimen aplastado por la voluntad nacional. No oculta su predilección, públicamente reconocida, por las virtudes y bondades que tenía el antiguo orden de cosas. Es más, pregona que solo hombres como él tienen la capacidad y la experiencia de gobernar a este país que necesita de la tutela de gobiernos un tanto autoritarios. Personalmente no vale gran cosa, pero tiene la ventaja de que los hombres que en el pasado gobernaron ya no son nada en el horizonte político mexicano, cartuchos quemados diría en su lenguaje peculiar. El candidato B está orgulloso de su militancia tricolor, seguro de que la enseña patria pertenece por derecho a él y a los que forman su partido, en el que, aunque las disputas internas lo corroen, lograron ponerse de acuerdo para postularlo a la elección presidencial, con la creencia de que el prestigio que les da el llamarse defensores de la independencia y de la soberanía, les atraerá el número de votos suficientes para recuperar el poder y volver triunfantes al palacio para retornar a los modos y costumbres políticas de antaño. El candidato B abomina del presidente en turno, del candidato A y del partido que lo apoya, porque cree que son arribistas que por casualidad se adueñaron de la presidencia de la República, por lo que debe arrojarlos de ella y reconquistarla para quienes se sienten los verdaderos representantes de la nación mexicana.
Pero el candidato A y el candidato B tienen algo en común y no solo el hecho de que sus dos respectivos partidos se han entendido más o menos bien en algunos temas de interés nacional: deben vencer al candidato C y a su partido. El candidato C es un hombre con pocas luces, con gran dificultad para hablar, con ideas francamente peligrosas, calificadas de populistas. Dicen sus partidarios que es el ídolo del pueblo, que lo aplaude y lo sigue porque es parte de ellos, porque habla como ellos, porque piensa por ellos, porque sus propias limitaciones lo hacen sentirlo como si fuera de ellos. El candidato C no oculta sus deseos de ser presidente. En un hombre ambicioso que se ha rodeado de las más despreciables figuras políticas, cuyas ideologías son abiertamente contrarias al interés de una nación que acaba de obtener sus derechos y que está aprendiendo a ejercerlos. Los hombres del candidato C tienen además fama de corruptos, de ineptos y de aborrecer a las clases sociales acomodadas.
El candidato C amenazó con el estallido social si se le obstruía el acceso a su candidatura presidencial, por lo que, a pesar de que podrían haberlo metido a la cárcel, lo dejaron libre, con la intención de derrotarlo en las urnas. Por su parte, los hombres de su partido, formado esencialmente por tránsfugas de los otros partidos y por viejos luchadores de causas populares, no aceptan transacción alguna: quieren el poder absoluto para imponer sus ideas y para transformar al país conforme al modelo que imperativamente, aseguran, es el que desea la mayor parte de la población, aquella parte formada por los pobres y los desposeídos.
Imagine ahora conmigo el amable lector, que llegamos al día de la elección y que al filo de la media noche se dan a conocer los resultados. ¿Quién ganó en este escenario imaginario? Nada más y nada menos que el candidato A, quien obtuvo el 45% de los votos. En segundo lugar quedó el candidato C, con el 35% de los sufragios y por último, el candidato B solo alcanzó el 15%. En el conteo final, un 5% de votos fue anulado. Los resultados son inobjetables y la elección se desarrolló limpiamente. Sería de suponerse entonces, que los candidatos derrotados aceptarían los resultados electorales y que reconocerían de inmediato el triunfo del candidato A. Pero no, y antes al contrario, demostrándonos que este país no ha madurado políticamente y que todavía dependemos de los caprichos de los caudillos.
Sigamos con el ejercicio imaginario para ver lo que sucedió después: El candidato B, deprimido, desaparece por completo y sus voceros dicen que no se reconocerá el triunfo del candidato A porque su partido se niega a aceptar la derrota hasta que se hayan resuelto todas las impugnaciones, como si todavía alentaran esperanzas después de la paliza que les dieron en las urnas. En cambio, el candidato C se comporta de manera diferente: de inmediato acusa al candidato A y a su partido de haber hecho fraude electoral y conmina y arenga a sus seguidores a lanzarse a la resistencia civil y luego a la acción directa para impedir que el candidato A se convierta en presidente.
Entonces, los partidarios del candidato C se lanzan en efecto a las calles y plazas de las ciudades. Literalmente lo invaden todo ante el estupor de los demás ciudadanos que han sufragado libremente y miran como la autoridad es incapaz de contener la marea humana de la plebe que lo arroya todo a su paso. El candidato C está orgulloso de sus huestes y las exhorta a posesionarse de la capital y a presionar al gobierno, a las autoridades electorales, a las judiciales y al congreso. La plebe se enardece y decide asaltar las tiendas, los centros comerciales, las casas habitación de las familias acomodadas. Para colmo, la fuerza pública, obedeciendo a los amigos del candidato C, se pone del lado de los amotinados y contribuye a la violencia y a los saqueos. El gobierno cede ante la fuerza de los hechos. El candidato A renuncia públicamente a su triunfo, pero el congreso, más asustado aún, declara que su elección fue nula y que el verdadero vencedor de la contienda lo es el candidato C, a quien le entrega la constancia que lo acredita como el próximo presidente de la República.
Terminemos con ya con este dantesco ejercicio imaginario. Sepa el lector que estamos hablando del año de 1828 y no del 2006. Le daré algunas claves más: el candidato A es el general Manuel Gómez Pedraza, ministro en el gabinete del presidente Guadalupe Victoria. El candidato B es el general Anastasio Bustamante, antiguo trigarante y continuador de la obra de Iturbide. El candidato C es el general Vicente Guerrero, predilecto de las clases populares y quien se empeñaba en implantar en México las ideas masónicas norteamericanas. La historia narrada es absolutamente cierta: se le conoce como el “motín de la Acordada”. Esta fue la manera, ilegal e ilegítima, como Guerrero llegó a la presidencia de la República. Y luego dicen que la historia no puede repetirse.
Abogado e historiador
historia_circular arroba yahoo.com.mx
domingo, marzo 20, 2005
Miguel Mateos
Ayer fuimos al concierto de este ruckerísimo de antaño. Las cosas que vimos llenarían por sí solas unas diez páginas. Por cuestiones de tiempo no podré de momento comentar todo lo que vi, pero al menos diré que no fue tanto el concierto sino el espectáculo que dió la gente lo que valió la desvelada.
Cuarentonas vestidas de adolescentes, cuarentones de pantalones de cuero, borrachos, minifaladas (que más hubiera valido fueran pantalones, o al menos faldas largas pues lo que enseñaban era más denigrante y lastimoso que sexi), peinados ochenteros... Un concierto de nostalgia sin canciones nostálgicas.
¿Lo más grave? Cada vez mer queda más claro lo ruco que estoy...
Ayer fuimos al concierto de este ruckerísimo de antaño. Las cosas que vimos llenarían por sí solas unas diez páginas. Por cuestiones de tiempo no podré de momento comentar todo lo que vi, pero al menos diré que no fue tanto el concierto sino el espectáculo que dió la gente lo que valió la desvelada.
Cuarentonas vestidas de adolescentes, cuarentones de pantalones de cuero, borrachos, minifaladas (que más hubiera valido fueran pantalones, o al menos faldas largas pues lo que enseñaban era más denigrante y lastimoso que sexi), peinados ochenteros... Un concierto de nostalgia sin canciones nostálgicas.
¿Lo más grave? Cada vez mer queda más claro lo ruco que estoy...
martes, marzo 15, 2005
Hoy me sentí tan lastimado...
Las muertas en Juárez han sido un tema cotidiano de mis conversaciones, sobre todo cuando por cuestiones de trabajo tengo que salir de la ciudad. A cualquier parte que llego me preguntan por el tema, el mismo tema. Entonces sucede que quisiera ocultar las cosas, digo que las cosas no son tan graves, que es más lo que los medios dicen. Una mentira dicha tantas veces hasta parece verdad. Yo quería que fuera verdad.
No puedo negar que aunque me interesaba al saber de una nueva víctima, siempre terminaba sin prestar importancia al hecho. Como casi todos en Juárez, me hice inmune al dolor.
Ayer mientras veía la televisión vi el rostro de una madre preocupada, sollozando pedía que su hija regresara a la casa. Ya eran tres días sin saber nada de ella. Me imaginé el dolor de esa madre, la desesperación, la ansiedad, la incertidumbre, la impotencia. Su imagen se me quedó grabada. A los cinco minutos escuché que encontraron el cuerpo de una mujer joven. El rostro de esa madre volvió a mi mente. Quise que no fuera su hija.
En la noche busqué más información. El ver la foto de la muchachita desaparecida repetida en el portal de internet, en donde se hablaba de la posibilidad de que fuera la misma me impresionó profundamente.
Hoy, al confirmarse la noticia siento un dolor que me desagarra. Estoy llorando. No lo puedo evitar. Los gritos de esa madre que sabe que su hija está muerta taladran mis oídos. No la conocí, pero siento como si fuera muy cercana a mí. Esto pudo pasarle a una amiga,
a una hermana... A mi hija.
Cuánto dolor siento, que lastimado estoy. Nada puedo hacer y eso me frustra. Que Dios ayude a esta mujer a superar su dolor, y a nosotros, a ser más valientes y a exigir justicia.
Ojalá ya acabe esto.
Las muertas en Juárez han sido un tema cotidiano de mis conversaciones, sobre todo cuando por cuestiones de trabajo tengo que salir de la ciudad. A cualquier parte que llego me preguntan por el tema, el mismo tema. Entonces sucede que quisiera ocultar las cosas, digo que las cosas no son tan graves, que es más lo que los medios dicen. Una mentira dicha tantas veces hasta parece verdad. Yo quería que fuera verdad.
No puedo negar que aunque me interesaba al saber de una nueva víctima, siempre terminaba sin prestar importancia al hecho. Como casi todos en Juárez, me hice inmune al dolor.
Ayer mientras veía la televisión vi el rostro de una madre preocupada, sollozando pedía que su hija regresara a la casa. Ya eran tres días sin saber nada de ella. Me imaginé el dolor de esa madre, la desesperación, la ansiedad, la incertidumbre, la impotencia. Su imagen se me quedó grabada. A los cinco minutos escuché que encontraron el cuerpo de una mujer joven. El rostro de esa madre volvió a mi mente. Quise que no fuera su hija.
En la noche busqué más información. El ver la foto de la muchachita desaparecida repetida en el portal de internet, en donde se hablaba de la posibilidad de que fuera la misma me impresionó profundamente.
Hoy, al confirmarse la noticia siento un dolor que me desagarra. Estoy llorando. No lo puedo evitar. Los gritos de esa madre que sabe que su hija está muerta taladran mis oídos. No la conocí, pero siento como si fuera muy cercana a mí. Esto pudo pasarle a una amiga,
a una hermana... A mi hija.
Cuánto dolor siento, que lastimado estoy. Nada puedo hacer y eso me frustra. Que Dios ayude a esta mujer a superar su dolor, y a nosotros, a ser más valientes y a exigir justicia.
Ojalá ya acabe esto.
lunes, marzo 14, 2005
Vivir en el D.F. 4

Las librerías de viejo.
Estas son de las pocas cosas que envidio de los defeños. (Aparte de la comida, apesar de lo que diga la Flaca). Y es que en las librerías de viejo encuentras de todo. Eso sí, se requiere de mucha paciencia y de una buena dotación de suerte.
En fin, espero ver algún día en mi querida frontera alguna librería por el estilo. Ni me pregunten por la Acapulco, no merece ni un sólo renglón más.
Las librerías de viejo.
Estas son de las pocas cosas que envidio de los defeños. (Aparte de la comida, apesar de lo que diga la Flaca). Y es que en las librerías de viejo encuentras de todo. Eso sí, se requiere de mucha paciencia y de una buena dotación de suerte.
En fin, espero ver algún día en mi querida frontera alguna librería por el estilo. Ni me pregunten por la Acapulco, no merece ni un sólo renglón más.
domingo, marzo 13, 2005
Vivir en el D.F. 3
El tráfico
No exagero al decir que para recorrer 10 kilómetros en la ciudad de México necesitas alrededor de 60 minutos. Tampoco exagero si digo que, no importa de dónde vengas, nunca has visto tantos carros juntos.
No contentos con ser tantos, presumen su agresividad al volante como souvenir de la ciudad. Pasan rozándote los pantalones, sonando las bocinas, empujándote a las banquetas, mentando madres, salteando semáforos, sobornando policías, espantando gente, matando perros, odiando a todos.
No es posible pasar más de dos días en el D.F. sin tener que enfrentarse a un embotellamiento, o al menos, a un cuello de botella. Por más pisos que hagan no caben. No caben.
En promedio los capitalinos invierten tres horas diarias en ir y volver del trabajo. Casi la mitad de la jornada laboral. Llegan a sus trabajos ya cansados, agobiados, mareados, estresados, jodidos.
Perra vida ¿a qué hora ven a su familia?
El tráfico
No exagero al decir que para recorrer 10 kilómetros en la ciudad de México necesitas alrededor de 60 minutos. Tampoco exagero si digo que, no importa de dónde vengas, nunca has visto tantos carros juntos.
No contentos con ser tantos, presumen su agresividad al volante como souvenir de la ciudad. Pasan rozándote los pantalones, sonando las bocinas, empujándote a las banquetas, mentando madres, salteando semáforos, sobornando policías, espantando gente, matando perros, odiando a todos.
No es posible pasar más de dos días en el D.F. sin tener que enfrentarse a un embotellamiento, o al menos, a un cuello de botella. Por más pisos que hagan no caben. No caben.
En promedio los capitalinos invierten tres horas diarias en ir y volver del trabajo. Casi la mitad de la jornada laboral. Llegan a sus trabajos ya cansados, agobiados, mareados, estresados, jodidos.
Perra vida ¿a qué hora ven a su familia?