Conocí a una señora, anciana desde tiempos inmemoriales, muerta hace dos años, que decía saber si una mujer era vírgen "nomás oyéndola orinar en el baño" ¿Es eso posible?
jueves, agosto 05, 2004
Cuando recién cumpli 21 añitos dejé de tomar alcohol. En aquel entonces me dije: "Se acabo. La última y nos vamos" En verdad creí que no volvería a tomar. Sí, lo sé. Volví a las andadas. No con la cantidad ni la frecuencia de antaño, pero un vicio es un vicio.
Lo mismo me pasó con este blog. Después de descorazonarme profundamente al leer tan eruditos escritos (tal como me apesumbraba ver teporochos y aloholicos empedernidos que con tanta gallardía demostraban su amor al alcohol)decidí dejar la escritura para los que más saben. Pero un vicio es un vicio.
He vuelto, quizá no con la misma frecuencia ni cantidad, pero deseo de todo corazón con más calidad.
Saludos.
Lo mismo me pasó con este blog. Después de descorazonarme profundamente al leer tan eruditos escritos (tal como me apesumbraba ver teporochos y aloholicos empedernidos que con tanta gallardía demostraban su amor al alcohol)decidí dejar la escritura para los que más saben. Pero un vicio es un vicio.
He vuelto, quizá no con la misma frecuencia ni cantidad, pero deseo de todo corazón con más calidad.
Saludos.
miércoles, abril 07, 2004
Felices vacaciones
Pues sí. Estoy de vacaciones. Tiempo de descanso, de tranquilidad, de reposo. Digo, una que otra visita a la oficina no me hace nada mal, al contrario, me permite mantenerme activo.
Quizá no trabajo mucho, pero mis vacaciones son obligatorias: ¿A quién le dan pan que llore?
Los que si no tienen vergúenza son los candidatos. ¿Cómo es posible que también ellos hayan agarrado vacaciones? Si están en plena campaña!!
Fíjense: si ahora que están preocupados por ganar las elecciones se agarran sus DOS SEMANOTAS de vacaciones ¿Qué será cuando hayan ganado?
Un moflero me dijo una vez: "Para descansar está la tumba. Mientras yo esté vivo no habrá domingo ni día festivo suficiente que me obligue a cerrar mi negocio"
Eso es una verdadera filosofía de vida. No como aquellos que a los 35 años están peleando su jubilación.
En fin, felices vacaciones, yo ya me voy.
ADIOS...
Pues sí. Estoy de vacaciones. Tiempo de descanso, de tranquilidad, de reposo. Digo, una que otra visita a la oficina no me hace nada mal, al contrario, me permite mantenerme activo.
Quizá no trabajo mucho, pero mis vacaciones son obligatorias: ¿A quién le dan pan que llore?
Los que si no tienen vergúenza son los candidatos. ¿Cómo es posible que también ellos hayan agarrado vacaciones? Si están en plena campaña!!
Fíjense: si ahora que están preocupados por ganar las elecciones se agarran sus DOS SEMANOTAS de vacaciones ¿Qué será cuando hayan ganado?
Un moflero me dijo una vez: "Para descansar está la tumba. Mientras yo esté vivo no habrá domingo ni día festivo suficiente que me obligue a cerrar mi negocio"
Eso es una verdadera filosofía de vida. No como aquellos que a los 35 años están peleando su jubilación.
En fin, felices vacaciones, yo ya me voy.
ADIOS...
jueves, febrero 26, 2004
Explico mis palabras.
Dada mi nula capacidad poética, prefiero explicar lo antes publicado. Resulta que ayer tuve necesidad de acudir a la presidencia municipal a llevar a cabo un trámite indispensable para hacer una ampliación a la casa. Ampiación por demás pequeña, pues los recursos económicos y terrenales no dan para más.
Total que después de diez líneas en seis distintas ventanillas, logré obtener mi permiso. Por cierto, ya para entonces me habían multado por tener material en la banqueta. Uta! No tenía ni dos minutos de que dejaron el material cuando ya estaba obras públicas exigiendo que retiraramos el estorbo de la banqueta. Ojalá así fueran para tapar baches, pintar lineas o prender semáforos.
Todos estos trámite burocráticos me hacen pensar en lo jodidos que seguimos en México en cuanto a atención al cliente se refiere. Por que el mal servicio no se limita a la administración pública: ¿Alguien a tenido la necesidad de hacer un trámite en Telmex? ¿Han tenido la necesidad de pagar en ventanilla el recibo del gas? ¿Qué tal una compra en FAMSA? ¿Y una devolución en Mueblería Central?
Para ser mediocres no hace falta trabajar para el gobierno.
Dada mi nula capacidad poética, prefiero explicar lo antes publicado. Resulta que ayer tuve necesidad de acudir a la presidencia municipal a llevar a cabo un trámite indispensable para hacer una ampliación a la casa. Ampiación por demás pequeña, pues los recursos económicos y terrenales no dan para más.
Total que después de diez líneas en seis distintas ventanillas, logré obtener mi permiso. Por cierto, ya para entonces me habían multado por tener material en la banqueta. Uta! No tenía ni dos minutos de que dejaron el material cuando ya estaba obras públicas exigiendo que retiraramos el estorbo de la banqueta. Ojalá así fueran para tapar baches, pintar lineas o prender semáforos.
Todos estos trámite burocráticos me hacen pensar en lo jodidos que seguimos en México en cuanto a atención al cliente se refiere. Por que el mal servicio no se limita a la administración pública: ¿Alguien a tenido la necesidad de hacer un trámite en Telmex? ¿Han tenido la necesidad de pagar en ventanilla el recibo del gas? ¿Qué tal una compra en FAMSA? ¿Y una devolución en Mueblería Central?
Para ser mediocres no hace falta trabajar para el gobierno.
miércoles, febrero 25, 2004
Volví a caer en sus redes.
Hoy volví a caer.
Sus dientes afilados traspasaron mi carne,
el hedor de sus mandíbulas nubló mi vista,
el horror de sus lineas desgastó mis sentidos.
Hoy volví a sufrir sus tormentos,
a vivir sus desdenes,
a sollozar en sus brazos.
Maldita Administración Pública:
Cuanto os odio!
Hoy volví a caer.
Sus dientes afilados traspasaron mi carne,
el hedor de sus mandíbulas nubló mi vista,
el horror de sus lineas desgastó mis sentidos.
Hoy volví a sufrir sus tormentos,
a vivir sus desdenes,
a sollozar en sus brazos.
Maldita Administración Pública:
Cuanto os odio!
lunes, febrero 23, 2004
Ya ni pa' que hablar de mi control remoto.
Con el relajo este de los escritores encarcelados sin justificación alguna, hasta pasó a segundo plano la pérdida del control remoto de mi DVD.
Agradezco a quien tenga que hacerlo el que mi apariencia no sea tan extraña ( o extravagante) pues si bien soy feo, al menos no "parezco sospechoso". Y es que me ha tocado ver cada caso. Una vez detuvieron a un tío que andaba de visita por estas tierras por la simple razón de que tenía acento chilango. Es cierto, acento chilango si tiene, pero si el pobre viene del DF ¿que se podía esperar? Lo peor del caso es que hasta un señor dijo: "Sí, es el que me parece la otra vez (¿cuál, si tenía dos días en la ciudad?) se robó una cartera.
Afortunadamente yo andaba con mi tío (pues me acompañaba a la escuela) y pudimos dejar en claro que no había cometido ningún delito. En honor a la verdad diré que lo que nos ayudó fue una "charola" que yo traía (en aquel entonces creía que ser reportero era una cualidad casi divina) y que logró que los polis nos llevaran hasta la escuela en medio de disculpas.
En fin, el asunto es que es realmente grave y preocupante el dato de Zerk sobre la recompensa a los policías que capturen a "delincuentes".
Uf. Por lo pronto no queda más que recordar a los amigos y conocidos de inusual estampa que se cuiden al ver a los polis. Parece que la estampa tuvo algo que ver en la detención del tal Epigmenio.
Animo muchachos.
Por cierto, sólo por no dejar, si alguien sabe de un control remoto que sirva para un DVD Philco (Sí, ya sé que es marca patito, pero fue todo lo que pude comprar) le pido me avise. No sean gachos. No saben lo horrible que es ver DVD doblados al español.
Con el relajo este de los escritores encarcelados sin justificación alguna, hasta pasó a segundo plano la pérdida del control remoto de mi DVD.
Agradezco a quien tenga que hacerlo el que mi apariencia no sea tan extraña ( o extravagante) pues si bien soy feo, al menos no "parezco sospechoso". Y es que me ha tocado ver cada caso. Una vez detuvieron a un tío que andaba de visita por estas tierras por la simple razón de que tenía acento chilango. Es cierto, acento chilango si tiene, pero si el pobre viene del DF ¿que se podía esperar? Lo peor del caso es que hasta un señor dijo: "Sí, es el que me parece la otra vez (¿cuál, si tenía dos días en la ciudad?) se robó una cartera.
Afortunadamente yo andaba con mi tío (pues me acompañaba a la escuela) y pudimos dejar en claro que no había cometido ningún delito. En honor a la verdad diré que lo que nos ayudó fue una "charola" que yo traía (en aquel entonces creía que ser reportero era una cualidad casi divina) y que logró que los polis nos llevaran hasta la escuela en medio de disculpas.
En fin, el asunto es que es realmente grave y preocupante el dato de Zerk sobre la recompensa a los policías que capturen a "delincuentes".
Uf. Por lo pronto no queda más que recordar a los amigos y conocidos de inusual estampa que se cuiden al ver a los polis. Parece que la estampa tuvo algo que ver en la detención del tal Epigmenio.
Animo muchachos.
Por cierto, sólo por no dejar, si alguien sabe de un control remoto que sirva para un DVD Philco (Sí, ya sé que es marca patito, pero fue todo lo que pude comprar) le pido me avise. No sean gachos. No saben lo horrible que es ver DVD doblados al español.
Los domingos familiares.
Nunca en mi vida había vivido un domingo familiar. Me refiero a un domingo con mi esposa y mi hija.
Y es que pasé muchos domingos con mis padres y mis hermanas; fueron momentos de solaz que no cambiaría por nada. Gracias por esos bellos recuerdos a mis padres y hermanas.
Ayer fue la primera vez que tuve un verdadero domingo familiar con MI familia. He tenido domingos de pareja, y por supuesto que ya hemos pasado más de 70 domingos con la maravillosa presencia de la peque Pau. Pero un domingo lo que se dice familiar, lo tuvimos apenas ayer.
Salimos a caminar, al teatro, a cenar... Por primera vez mi niña tuvo actitudes de niña grande. Yo pensé que nunca llegarían estos días. Todo pasa.
Hasta las enfermedades han quedado de momento en el olvido.
Qué buen día pasé ayer.
Nunca en mi vida había vivido un domingo familiar. Me refiero a un domingo con mi esposa y mi hija.
Y es que pasé muchos domingos con mis padres y mis hermanas; fueron momentos de solaz que no cambiaría por nada. Gracias por esos bellos recuerdos a mis padres y hermanas.
Ayer fue la primera vez que tuve un verdadero domingo familiar con MI familia. He tenido domingos de pareja, y por supuesto que ya hemos pasado más de 70 domingos con la maravillosa presencia de la peque Pau. Pero un domingo lo que se dice familiar, lo tuvimos apenas ayer.
Salimos a caminar, al teatro, a cenar... Por primera vez mi niña tuvo actitudes de niña grande. Yo pensé que nunca llegarían estos días. Todo pasa.
Hasta las enfermedades han quedado de momento en el olvido.
Qué buen día pasé ayer.
lunes, febrero 16, 2004
Al fin sanos.
Después de un mes y medio parece que al fin estamos sanos todos en la casa. Ojalá esta felicidad dure al menos unos seis meses.
Mi mayor deseo es que todos los que lean estas lineas (y aun los que no las lean) se mantengan sanos y felices todo el año.
Aunque tarde, éste es mi deseo para el año que comienza.
P.D. Viva la salud.
Después de un mes y medio parece que al fin estamos sanos todos en la casa. Ojalá esta felicidad dure al menos unos seis meses.
Mi mayor deseo es que todos los que lean estas lineas (y aun los que no las lean) se mantengan sanos y felices todo el año.
Aunque tarde, éste es mi deseo para el año que comienza.
P.D. Viva la salud.
jueves, febrero 12, 2004
Las enfermedades.
El comienzo de este año no ha sido el mejor de mi vida. El mismísimo día dos de enero la pequeña Pau sufrió una no muy ligera gastritis. El diagnóstico del doctor fue por demás asombroso para mí. A sus recién cumplidos dieciocho meses ya está sufriendo una enfermedad que a la mayoría afecta ya entrados en años.
-No se crea –dijo el Doctor- de un tiempo a acá son muchos los niños que sufren este mal.
-Mal de muchos-, pensé. Total que compungidos y adoloridos nos fuimos la casa entre promesas de no volver a darle chicharrones de harina.
A los ocho días exactos, apenas aliviada de su infantil gastritis, la peque se enfrenta a un nuevo monstruo: un moco verde con vida propia (como el del anuncio del Aderogil) que la ataca desde todos los frentes en la casa de unos amigos cuyos hijos, dicho sea de paso, no han estado más de tres días sin tos desde que los conozco hace ya más de dos años.
Visita al pediatra. Otra lista de medicamentos que hacen temblar, otra vez, mi maltrecha economía de inicio de año. A la semana, somos mi esposa y yo los que sufren el ataque de la gripe. Otros ¿mil pesos? a las farmacias del Ahorro ¿ahorro de quién?
Pero las malas nuevas no llegan solas, y la peque Pau sigue con molestias y ahora “parece que tiene neumonía” dice el Doc. Sepa Dios qué significa esa palabra, pero juro por mi madre que al escucharla se me fue el corazón hasta el suelo. Ya me imaginaba a mi niña, mi mayor tesoro, hospitalizada: suero, oxigeno, medicamento. Afortunadamente no llegamos a tanto y sólo tuve que comprar cuatro inyecciones de trescientos pesos cada una que, lo digo con el corazón en la mano, no me dolió pagar en lo más mínimo.
Por supuesto que tantas subidas y bajadas emocionales lograron debilitarme hasta niveles insospechados y el pasado sábado 7 de febrero me atrapó un nuevo virus que, ahora sí, me tumbó en la cama. No recuerdo haber sufrido nunca tanto. Ahora bien si hubiera una escala del uno al diez en donde diez fuera el dolor más fuerte, le daría al de mi garganta un 6 o máximo un 7. No parece mucho, pero si hubiera otra escala similar pero en cuanto a incomodidad, se llevaba un redondo diez. O le inventaba un once.
Creo que nunca en mi vida me sentí tan mal como en estos últimos días: no podía hablar, no podía comer, no podía dormir. No podía ni cagar, pues hasta el más leve pugido hacía que se me desgarrara la garganta. Más aún, nunca en mi vida había faltado al trabajo por culpa de una enfermedad. Este lunes y martes lo hice.
Cuánto me dolió no hacer las cosas que me gustan. Cuánto extrañé a los compañeros. Cuánto sufrí viendo a mi esposa sufrir.
La ansiedad, la angustia y el miedo se apoderaron de mí. En un momento de la madrugada del martes me sentí con ganas de correr a un hospital a pedir ayuda. Sentí que me ahogaba.
Después de estos tres días veo radicalmente distinto a los que soportan una enfermedad. Siempre he pensado que es difícil hacerlo pero ahora, después de un simple dolor de garganta, alcanzo ya a imaginar lo terrible que es estar en cama.
Va mi apoyo moral a todos ellos. Y va también una súplica a quien tiene un enfermo: apóyalo, platícale y soporta con él su dolor. En verdad hace falta.
Por último, gracias a todos lo que me hablaron por teléfono. Gracias por preocuparse. Gracias por acordarse. Gracias por estar ahí.
Reciban un deseo sincero de salud para ustedes y su familia. Hoy creo más que nunca que al tener salud, lo demás no importa.
El comienzo de este año no ha sido el mejor de mi vida. El mismísimo día dos de enero la pequeña Pau sufrió una no muy ligera gastritis. El diagnóstico del doctor fue por demás asombroso para mí. A sus recién cumplidos dieciocho meses ya está sufriendo una enfermedad que a la mayoría afecta ya entrados en años.
-No se crea –dijo el Doctor- de un tiempo a acá son muchos los niños que sufren este mal.
-Mal de muchos-, pensé. Total que compungidos y adoloridos nos fuimos la casa entre promesas de no volver a darle chicharrones de harina.
A los ocho días exactos, apenas aliviada de su infantil gastritis, la peque se enfrenta a un nuevo monstruo: un moco verde con vida propia (como el del anuncio del Aderogil) que la ataca desde todos los frentes en la casa de unos amigos cuyos hijos, dicho sea de paso, no han estado más de tres días sin tos desde que los conozco hace ya más de dos años.
Visita al pediatra. Otra lista de medicamentos que hacen temblar, otra vez, mi maltrecha economía de inicio de año. A la semana, somos mi esposa y yo los que sufren el ataque de la gripe. Otros ¿mil pesos? a las farmacias del Ahorro ¿ahorro de quién?
Pero las malas nuevas no llegan solas, y la peque Pau sigue con molestias y ahora “parece que tiene neumonía” dice el Doc. Sepa Dios qué significa esa palabra, pero juro por mi madre que al escucharla se me fue el corazón hasta el suelo. Ya me imaginaba a mi niña, mi mayor tesoro, hospitalizada: suero, oxigeno, medicamento. Afortunadamente no llegamos a tanto y sólo tuve que comprar cuatro inyecciones de trescientos pesos cada una que, lo digo con el corazón en la mano, no me dolió pagar en lo más mínimo.
Por supuesto que tantas subidas y bajadas emocionales lograron debilitarme hasta niveles insospechados y el pasado sábado 7 de febrero me atrapó un nuevo virus que, ahora sí, me tumbó en la cama. No recuerdo haber sufrido nunca tanto. Ahora bien si hubiera una escala del uno al diez en donde diez fuera el dolor más fuerte, le daría al de mi garganta un 6 o máximo un 7. No parece mucho, pero si hubiera otra escala similar pero en cuanto a incomodidad, se llevaba un redondo diez. O le inventaba un once.
Creo que nunca en mi vida me sentí tan mal como en estos últimos días: no podía hablar, no podía comer, no podía dormir. No podía ni cagar, pues hasta el más leve pugido hacía que se me desgarrara la garganta. Más aún, nunca en mi vida había faltado al trabajo por culpa de una enfermedad. Este lunes y martes lo hice.
Cuánto me dolió no hacer las cosas que me gustan. Cuánto extrañé a los compañeros. Cuánto sufrí viendo a mi esposa sufrir.
La ansiedad, la angustia y el miedo se apoderaron de mí. En un momento de la madrugada del martes me sentí con ganas de correr a un hospital a pedir ayuda. Sentí que me ahogaba.
Después de estos tres días veo radicalmente distinto a los que soportan una enfermedad. Siempre he pensado que es difícil hacerlo pero ahora, después de un simple dolor de garganta, alcanzo ya a imaginar lo terrible que es estar en cama.
Va mi apoyo moral a todos ellos. Y va también una súplica a quien tiene un enfermo: apóyalo, platícale y soporta con él su dolor. En verdad hace falta.
Por último, gracias a todos lo que me hablaron por teléfono. Gracias por preocuparse. Gracias por acordarse. Gracias por estar ahí.
Reciban un deseo sincero de salud para ustedes y su familia. Hoy creo más que nunca que al tener salud, lo demás no importa.
miércoles, febrero 04, 2004
Hola Abuela. Bienvenida.
Hoy llega mi abuela a la Ciudad. Llega con su tradicional cúmulo de relatos, noticias y COMIDA. No sé cómo le hace pero es buenísima para hacer de comer.
Ahora que lo pienso -aparte de sus habilidades culinarias-, reconozco su infatigable vida. A sus 73 (¿o 74?) años sigue tan activa como la recuerdo de siempre. No solo viaja sola, sino que hasta carga, casi ella sola, sus tradicionales siete maletas. Es todo un remolino.
Admiro su coraje, su gusto por la vida, su memoria, su lenguaje colorido, sus destellos de odio, sus remansos de amor.
Cuánto quisiera que mi vida fuera como la de ella: independiente, activa, altanera, dulce... Feliz.
Nuevamente bienvenida. Gracias por tu presencia que se vuelve, al final, oxigeno para todos.
Hoy llega mi abuela a la Ciudad. Llega con su tradicional cúmulo de relatos, noticias y COMIDA. No sé cómo le hace pero es buenísima para hacer de comer.
Ahora que lo pienso -aparte de sus habilidades culinarias-, reconozco su infatigable vida. A sus 73 (¿o 74?) años sigue tan activa como la recuerdo de siempre. No solo viaja sola, sino que hasta carga, casi ella sola, sus tradicionales siete maletas. Es todo un remolino.
Admiro su coraje, su gusto por la vida, su memoria, su lenguaje colorido, sus destellos de odio, sus remansos de amor.
Cuánto quisiera que mi vida fuera como la de ella: independiente, activa, altanera, dulce... Feliz.
Nuevamente bienvenida. Gracias por tu presencia que se vuelve, al final, oxigeno para todos.
jueves, enero 22, 2004
La muerte aparece por caminos extraños
Hace unos días me dice mi madre:
-Falleció mi tío X. Qué pena.
-Uchale, no somos nada -dije yo-. ¿Estaba enfermo?
-Pues sí. Tenía cáncer, y creo que diabetes.
-¿Cuál de las dos fue la causa de la muerte?
-No, ninguna. Le explotó un tanque de gas- dice mi madre compungida.
-Qué espanto. Morir quemado.
-No, si tampoco se quemó, se murió del susto.
Hace unos días me dice mi madre:
-Falleció mi tío X. Qué pena.
-Uchale, no somos nada -dije yo-. ¿Estaba enfermo?
-Pues sí. Tenía cáncer, y creo que diabetes.
-¿Cuál de las dos fue la causa de la muerte?
-No, ninguna. Le explotó un tanque de gas- dice mi madre compungida.
-Qué espanto. Morir quemado.
-No, si tampoco se quemó, se murió del susto.
En el súper 2
a. Las bolsas
Mucho pienso en los ambientalistas que piden a gritos la reintroducción de las bolsas de papel biodegradables. Me pregunto: ¿Ellos han tratado de levantar una de esas méndigas bolsas inasibles? Luego dónde pondrías los pañales usados y cómo cerrarías la boca de la bolsa para evitar el tufo fétido si no existieran esas maravillas de plástico con sus agarraderas. Ahora que, ya hablando de las bolsas, debo confesar que odio la forma (que no las personas) en que los viejitos empacan. Resulta que cuando un niño (o cerrillo) guarda el mandado, lo único que le importa es tardarse el menor tiempo posible sin detenerse a pensar cuantas bolsas utiliza, esto por supuesto te permite tener, con la compra de artículos para dos días, algo así como 8 o 10 bolsas. Pero como cambian las cosas con los adultos, ellos te darán, si acaso, unas 3 bolsas en la compra del mandado de toda la quincena, pues aparte de la paciencia con que empacan, está la forma en que hacer caber todo “sabiéndolo acomodar”. Yo pensé que permitir el trabajo de los adultos mayores era para darles una forma de conseguir dinero (en el fondo si ocurre) pero he descubierto que la verdadera razón de los centros comerciales es ahorrar en las bolsas. Ya decía que no podían ser tan buenos. Ah! Quiero mandar un saludo a la “niña de las bolsitas”, orgullosa empacadora que se especializa en utilizar –sin importar la cantidad ni el tamaño de los artículos- las bolsas del menor tamaño existente. Una vez para llevarme 16 artículos, todos ellos del tamaño promedio de una lata de verduras, necesité 12 bolsitas. En serio.
b.Las pinzas del pan
¿Quién carajo ha dicho que sea más higiénico usar las pinzas del pan que mis manos? Les invito a que le den una ojeada a la parte interior de las pinzas. Ahí puedes encontrar: chocolate, migajón, coco, grajeas, polvo, canela, azúcar, caca de mosca, patas de cucaracha; todo lo anterior en un revoltijo pegajosos pero, eso sí, muy rico. Espero que alguien me pueda decir si esas pinzas son lavadas alguna vez, o mejor, con qué periodicidad lo hacen. Mientras lo descubro, yo sigo utilizando mis manos para tomar el pan. Quizá no están limpias, pero al menos sé de qué están sucias.
c. Los guardias de seguridad.
Pinches judiciales frustrados. Algunos hasta parecen guardias del consulado. ¿En verdad creen que soy un ladrón? Lárganse a la $%$#@#%
a. Las bolsas
Mucho pienso en los ambientalistas que piden a gritos la reintroducción de las bolsas de papel biodegradables. Me pregunto: ¿Ellos han tratado de levantar una de esas méndigas bolsas inasibles? Luego dónde pondrías los pañales usados y cómo cerrarías la boca de la bolsa para evitar el tufo fétido si no existieran esas maravillas de plástico con sus agarraderas. Ahora que, ya hablando de las bolsas, debo confesar que odio la forma (que no las personas) en que los viejitos empacan. Resulta que cuando un niño (o cerrillo) guarda el mandado, lo único que le importa es tardarse el menor tiempo posible sin detenerse a pensar cuantas bolsas utiliza, esto por supuesto te permite tener, con la compra de artículos para dos días, algo así como 8 o 10 bolsas. Pero como cambian las cosas con los adultos, ellos te darán, si acaso, unas 3 bolsas en la compra del mandado de toda la quincena, pues aparte de la paciencia con que empacan, está la forma en que hacer caber todo “sabiéndolo acomodar”. Yo pensé que permitir el trabajo de los adultos mayores era para darles una forma de conseguir dinero (en el fondo si ocurre) pero he descubierto que la verdadera razón de los centros comerciales es ahorrar en las bolsas. Ya decía que no podían ser tan buenos. Ah! Quiero mandar un saludo a la “niña de las bolsitas”, orgullosa empacadora que se especializa en utilizar –sin importar la cantidad ni el tamaño de los artículos- las bolsas del menor tamaño existente. Una vez para llevarme 16 artículos, todos ellos del tamaño promedio de una lata de verduras, necesité 12 bolsitas. En serio.
b.Las pinzas del pan
¿Quién carajo ha dicho que sea más higiénico usar las pinzas del pan que mis manos? Les invito a que le den una ojeada a la parte interior de las pinzas. Ahí puedes encontrar: chocolate, migajón, coco, grajeas, polvo, canela, azúcar, caca de mosca, patas de cucaracha; todo lo anterior en un revoltijo pegajosos pero, eso sí, muy rico. Espero que alguien me pueda decir si esas pinzas son lavadas alguna vez, o mejor, con qué periodicidad lo hacen. Mientras lo descubro, yo sigo utilizando mis manos para tomar el pan. Quizá no están limpias, pero al menos sé de qué están sucias.
c. Los guardias de seguridad.
Pinches judiciales frustrados. Algunos hasta parecen guardias del consulado. ¿En verdad creen que soy un ladrón? Lárganse a la $%$#@#%
viernes, diciembre 19, 2003
Imágenes navideñas
Ayer hacía mi recorrido de media hora rumbo a la casa. Quizá fueron los blogs que me encontré sobre la navidad o que mi ánimo no estaba para fiestas, pero me dediqué a observar detenidamente los preparativos para la Natividad del Señor.
1. Una pareja joven con un niño en brazos y una bolsa enorme de plástico con los regalos para los chamacos. 150 pesos en juguetes.
2. Diez personas frente un cajero automático. Ilusiones y planes compartidos para la cena de navidad.
3. Un centro comercial. Carreras desbocadas por juguetes.
4. Una caja registradora. Tarjetas de crédito al por mayor. Mamás ilusionadas, papás angustiados.
5. Adiós al aguinaldo. Una pareja discute por la falta de dinero. Él explica la fuga de capital. Los niños lloran.
6. Artículos navideños en rebaja extrema. ¿Para qué quiero un árbol a estas alturas?
7. Niños llorando a todo lo largo y ancho de los pasillos de juguetes. Callen a esos monstruos.
8. Música de campanitas. Peces bebiendo en el río.
9. Noticias de santacloses en huelga.
10. Blogs y más blogs dedicados a las fiestas navideñas.
11. Un espejo. Me veo más gordo. Después de las fiestas el reflejo será peor.
¡Feliz Navidad a todos!
Ayer hacía mi recorrido de media hora rumbo a la casa. Quizá fueron los blogs que me encontré sobre la navidad o que mi ánimo no estaba para fiestas, pero me dediqué a observar detenidamente los preparativos para la Natividad del Señor.
1. Una pareja joven con un niño en brazos y una bolsa enorme de plástico con los regalos para los chamacos. 150 pesos en juguetes.
2. Diez personas frente un cajero automático. Ilusiones y planes compartidos para la cena de navidad.
3. Un centro comercial. Carreras desbocadas por juguetes.
4. Una caja registradora. Tarjetas de crédito al por mayor. Mamás ilusionadas, papás angustiados.
5. Adiós al aguinaldo. Una pareja discute por la falta de dinero. Él explica la fuga de capital. Los niños lloran.
6. Artículos navideños en rebaja extrema. ¿Para qué quiero un árbol a estas alturas?
7. Niños llorando a todo lo largo y ancho de los pasillos de juguetes. Callen a esos monstruos.
8. Música de campanitas. Peces bebiendo en el río.
9. Noticias de santacloses en huelga.
10. Blogs y más blogs dedicados a las fiestas navideñas.
11. Un espejo. Me veo más gordo. Después de las fiestas el reflejo será peor.
¡Feliz Navidad a todos!
jueves, diciembre 18, 2003
El verdadero amor.
Hace ya diez años que supe lo que significa convivir con el amor de mi vida. El pasado 10 de diciembre celebramos (mejor dicho recordamos, pues celebración, celebración no hubo, salvo la obvia y amorosa re-unión de los cuerpos) esos diez años de noviazgo.
Desde ese tiempo conozco el amor de una pareja: el respeto, compañerismo, apoyo, lealtad, pasión, ilusión; pero el otro amor, el que se siente por los hijos lo experimenté hace apenas un año y medio: la edad de mi niña. Con ella he aprendido otro tipo de amor, el que tanto me decían mis padres, amigos y conocido que no entendería hasta tener a mi hija en brazos. Al fin lo comprendo.
Ya he vivido con ella las peripecias de la inexperiencia, he sufrido como nunca por un llanto interminable a media noche, he sentido la frustración por no poder aliviarle un dolor, me he regocijado y he agradecido hasta el cansancio al ver sus ojitos brillantes fijos en mí. ¡Cuánto amo a mi hija!
Todo este tiempo, todas las experiencias, las muestras de cariño, la primera vez que me dijo papá, la primera vez que me dio la mano para ayudarla a caminar, cuando por primera vez la vi apoyada en un sillón viendo mi llegada del trabajo, la imagen de su manita blanca diciéndome adiós en la mañana, sus risas y hasta su llanto los viví hoy nuevamente en un segundo cuando -medio dormida-, volteo a verme, tomó mi mano y se abrazó a ella mientras me decía “papá” con la voz más angelical que he escuchado en mi vida.
Hoy descubrí el punto máximo del verdadero amor. Hoy supe que estaba vivo y creo que también por primera vez tuve miedo de morir.
Hace ya diez años que supe lo que significa convivir con el amor de mi vida. El pasado 10 de diciembre celebramos (mejor dicho recordamos, pues celebración, celebración no hubo, salvo la obvia y amorosa re-unión de los cuerpos) esos diez años de noviazgo.
Desde ese tiempo conozco el amor de una pareja: el respeto, compañerismo, apoyo, lealtad, pasión, ilusión; pero el otro amor, el que se siente por los hijos lo experimenté hace apenas un año y medio: la edad de mi niña. Con ella he aprendido otro tipo de amor, el que tanto me decían mis padres, amigos y conocido que no entendería hasta tener a mi hija en brazos. Al fin lo comprendo.
Ya he vivido con ella las peripecias de la inexperiencia, he sufrido como nunca por un llanto interminable a media noche, he sentido la frustración por no poder aliviarle un dolor, me he regocijado y he agradecido hasta el cansancio al ver sus ojitos brillantes fijos en mí. ¡Cuánto amo a mi hija!
Todo este tiempo, todas las experiencias, las muestras de cariño, la primera vez que me dijo papá, la primera vez que me dio la mano para ayudarla a caminar, cuando por primera vez la vi apoyada en un sillón viendo mi llegada del trabajo, la imagen de su manita blanca diciéndome adiós en la mañana, sus risas y hasta su llanto los viví hoy nuevamente en un segundo cuando -medio dormida-, volteo a verme, tomó mi mano y se abrazó a ella mientras me decía “papá” con la voz más angelical que he escuchado en mi vida.
Hoy descubrí el punto máximo del verdadero amor. Hoy supe que estaba vivo y creo que también por primera vez tuve miedo de morir.
Los especialistas
He comentado antes que una especie de envidia y admiración se mezclan en mí cada vez que conozco a alguien que tiene una pasión desbordante.
Hoy leí una columna de Juan Domingo Argüelles (El financiero, 17 de diciembre, p. 44) en donde se mofa de los especialistas, concretamente, en lectura.
Entre otras cosas dice " En el caso de los especialistas de la lectura no generalizaré, pero sí diré que me he topado con algunos que lo único que leen son las investigaciones de otros especialistas que a su vez leen únicamente a otros especialistas que leyeron, ellos también, a otros especialistas. Estas personas no están dispuestas a creer, y a veces ni siquiera a discutir, las ideas que no provengan de otros especialistas." Estas palabras me recuerdan a tantas y tantas personas que han dejado de interesarse en algo más que en sus propias ideas. Alguna vez leí que solamente las ideas afines a las tuyas son las que consideras correctas.
En fin, sigue Juan Domingo y dice..."Es verdad que uno no puede estar atento a de todo sino de lo que realmente le interesa, pero a veces la especialización conduce a terrenos cómicos, por decir lo menos. Por ejemplo, algunos especialistas ya sólo tienen tiempo de leer ponencias y conferencias para dar ponencias y conferencias. Están tan ocupados... (que) leer un libro de poemas uno de cuentos, uno de ensayos literarios (...) es para ellos un punto menos que imposible, además de que eso no les apetece."
Gracias mi querido Juan por estos rayos de luz, pues he comprendido que prefiero quedarme con mi media ignorancia en mucho, que toda la sapiencia en una sola cosa.
"El implacable Ambroce Bierce aseguró, en un exceso de generalización, que un especialista es un hombre que sabe todo acerca de algo y absolutamente nada acerca de todo lo demás.(...) Así también el especialista, que se convierte en un experto, es esa persona que aborda un tema que, aunque tú conoces bien, hace que te suena bastante oscuro y confuso, para, acto seguido, ofrecerse a despejarte todo el misterio."
Así pues, creo que prefiero quedarme con mis aficiones y conocimientos discretos en actividades tan disímbolas como la electrónica, la astronomía, la plomería y la televisión..."y no tener que decir con el arquitecto Frank Lloyd Wright que un experto es un hombre que ha dejado de pensar".
PD. En cuento pueda publico ya sea el texto completo o un link en donde puedan consultar el artículo completo. O compren el periódico, no sean pránganas.
He comentado antes que una especie de envidia y admiración se mezclan en mí cada vez que conozco a alguien que tiene una pasión desbordante.
Hoy leí una columna de Juan Domingo Argüelles (El financiero, 17 de diciembre, p. 44) en donde se mofa de los especialistas, concretamente, en lectura.
Entre otras cosas dice " En el caso de los especialistas de la lectura no generalizaré, pero sí diré que me he topado con algunos que lo único que leen son las investigaciones de otros especialistas que a su vez leen únicamente a otros especialistas que leyeron, ellos también, a otros especialistas. Estas personas no están dispuestas a creer, y a veces ni siquiera a discutir, las ideas que no provengan de otros especialistas." Estas palabras me recuerdan a tantas y tantas personas que han dejado de interesarse en algo más que en sus propias ideas. Alguna vez leí que solamente las ideas afines a las tuyas son las que consideras correctas.
En fin, sigue Juan Domingo y dice..."Es verdad que uno no puede estar atento a de todo sino de lo que realmente le interesa, pero a veces la especialización conduce a terrenos cómicos, por decir lo menos. Por ejemplo, algunos especialistas ya sólo tienen tiempo de leer ponencias y conferencias para dar ponencias y conferencias. Están tan ocupados... (que) leer un libro de poemas uno de cuentos, uno de ensayos literarios (...) es para ellos un punto menos que imposible, además de que eso no les apetece."
Gracias mi querido Juan por estos rayos de luz, pues he comprendido que prefiero quedarme con mi media ignorancia en mucho, que toda la sapiencia en una sola cosa.
"El implacable Ambroce Bierce aseguró, en un exceso de generalización, que un especialista es un hombre que sabe todo acerca de algo y absolutamente nada acerca de todo lo demás.(...) Así también el especialista, que se convierte en un experto, es esa persona que aborda un tema que, aunque tú conoces bien, hace que te suena bastante oscuro y confuso, para, acto seguido, ofrecerse a despejarte todo el misterio."
Así pues, creo que prefiero quedarme con mis aficiones y conocimientos discretos en actividades tan disímbolas como la electrónica, la astronomía, la plomería y la televisión..."y no tener que decir con el arquitecto Frank Lloyd Wright que un experto es un hombre que ha dejado de pensar".
PD. En cuento pueda publico ya sea el texto completo o un link en donde puedan consultar el artículo completo. O compren el periódico, no sean pránganas.
martes, diciembre 16, 2003
El Senor de los anillos
(Va sin acentos, pues no se que le paso a esta madriola)
Con la llegada de esta cinta a la ciudad, llegan tambien a mi memoria los malos momentos que he pasado en algunas salas. Si en algo vale una recomendacion de mi parte, les sugieron no vayan por ningun motivo a los Multicinemas de Organizacion Ramirez, sobre todo a los que se encuentran en Rio Grande y Plaza Juarez: cuando no se ve oscuro se ve muy claro, o no se oye, o la imagen esta desenfocada, o las butacas muy juntas, o hacen un intermedio kilometrico, o encuentras palomitas en todos lados, o soda por el suelo, o unos ninos gritones, o un apeste a rata vieja.
Pero tambien ruego, imploro, EXIJO que no vean peliculas piratas. No tiene caso. Y no soy purista ni mucho menos, pero creo que es tanto como aventarse a un transexual en lugar de una original. Parece que es lo mismo pero no es igual.
En fin, aunque no ire al estreno, si voy a estar en una de las salas nuevas de cinepolis (que tambien es de Org. Ramirez, pero nueva) la proxima semana con una buena dotacion de palomitas y coca-cola.
!Salud!
(Va sin acentos, pues no se que le paso a esta madriola)
Con la llegada de esta cinta a la ciudad, llegan tambien a mi memoria los malos momentos que he pasado en algunas salas. Si en algo vale una recomendacion de mi parte, les sugieron no vayan por ningun motivo a los Multicinemas de Organizacion Ramirez, sobre todo a los que se encuentran en Rio Grande y Plaza Juarez: cuando no se ve oscuro se ve muy claro, o no se oye, o la imagen esta desenfocada, o las butacas muy juntas, o hacen un intermedio kilometrico, o encuentras palomitas en todos lados, o soda por el suelo, o unos ninos gritones, o un apeste a rata vieja.
Pero tambien ruego, imploro, EXIJO que no vean peliculas piratas. No tiene caso. Y no soy purista ni mucho menos, pero creo que es tanto como aventarse a un transexual en lugar de una original. Parece que es lo mismo pero no es igual.
En fin, aunque no ire al estreno, si voy a estar en una de las salas nuevas de cinepolis (que tambien es de Org. Ramirez, pero nueva) la proxima semana con una buena dotacion de palomitas y coca-cola.
!Salud!
lunes, diciembre 15, 2003
La envidia.
Cuánto envidio a los que tienen aficiones. He conocido a quienes siempre leen, a quienes saben todo de futbol, a quienes no se pierden una telenovela. Admiro a quienes tienen amigos. Envidio a quienes la cerveza les basta para vivir. Admiro a quienes -como dice García Márquez- no pueden vivir sin escribir.
Sufro por no encontrar en mí ni una sola afición verdadera. Me gusta leer, pero no sé nada de autores; ni siquiera tengo una buena biblioteca. Me gusta la música, y no puedo mantener una plática sobre ella de más de cinco minutos. Me gusta el jazz y sólo tengo un puñado de discos y ningún conocimiento de sus mejores exponentes.
Mis minutos muertos pasan plácidamente frente a un rompecabezas o un modelo a escala; pero sólo he tenido entre mis manos cinco o seis de ellos.
Me gusta el campismo, el ciclismo, el beisbol, la poesía, el cine, el teatro, la electrónica. A pesar de todo, no me doy el tiempo para ninguna de esas actividades. Mi vida no a dependido de ellas.
Cómo admiro al que sabe todo de política, al que siempre conoce el libro de moda, al que me dice, con la mano en la cintura, quiénes serán los equipos que jugarán la liguilla.
Cuánta falta le hace a mi vida el faro de una pasión. ¿Por qué tengo que saber un poco de todo y nunca mucho de poco? ¿Por qué mi vida sigue circulando sin una pasión verdadera? ¿Por qué puedo prescindir de todo? ¿Dónde busco?
Cuánto envidio a los que tienen aficiones. He conocido a quienes siempre leen, a quienes saben todo de futbol, a quienes no se pierden una telenovela. Admiro a quienes tienen amigos. Envidio a quienes la cerveza les basta para vivir. Admiro a quienes -como dice García Márquez- no pueden vivir sin escribir.
Sufro por no encontrar en mí ni una sola afición verdadera. Me gusta leer, pero no sé nada de autores; ni siquiera tengo una buena biblioteca. Me gusta la música, y no puedo mantener una plática sobre ella de más de cinco minutos. Me gusta el jazz y sólo tengo un puñado de discos y ningún conocimiento de sus mejores exponentes.
Mis minutos muertos pasan plácidamente frente a un rompecabezas o un modelo a escala; pero sólo he tenido entre mis manos cinco o seis de ellos.
Me gusta el campismo, el ciclismo, el beisbol, la poesía, el cine, el teatro, la electrónica. A pesar de todo, no me doy el tiempo para ninguna de esas actividades. Mi vida no a dependido de ellas.
Cómo admiro al que sabe todo de política, al que siempre conoce el libro de moda, al que me dice, con la mano en la cintura, quiénes serán los equipos que jugarán la liguilla.
Cuánta falta le hace a mi vida el faro de una pasión. ¿Por qué tengo que saber un poco de todo y nunca mucho de poco? ¿Por qué mi vida sigue circulando sin una pasión verdadera? ¿Por qué puedo prescindir de todo? ¿Dónde busco?
jueves, diciembre 04, 2003
Y el 9/11 sigue dando de que hablar...
Resulta que los bomberos que sobrevivieron a los atentados del 11 de septiembre han tenido que cumplir con una obligación adicional: Consolar a las viudas y los huérfanos de los compañeros caídos junto con las torres gemelas.
Esto parece una buena acción (propuesta y apoyada por el mismo gobierno) sin embargo ha traido nuevas y graves consecuencias:
Los buenos samaritanos se han empezado a enamorar de las viudas de sus amigos y han empezado a encariñarse más con los hijos ajenos que con los propios. Según las últimas cifras, de los 300 bomberos que participan en el programa, alrededor de veinte han dejado a sus familias.
Dicen que el pasto del otro lado de la cerca siempre parece más verde. Yo creo que eso es lo que le pasó a los bomberos.
A fin de cuentas, las viudas dejaron de serlo y las que libraron los atentados no pudieron con sus congéneres. Al fin mujeres.
Resulta que los bomberos que sobrevivieron a los atentados del 11 de septiembre han tenido que cumplir con una obligación adicional: Consolar a las viudas y los huérfanos de los compañeros caídos junto con las torres gemelas.
Esto parece una buena acción (propuesta y apoyada por el mismo gobierno) sin embargo ha traido nuevas y graves consecuencias:
Los buenos samaritanos se han empezado a enamorar de las viudas de sus amigos y han empezado a encariñarse más con los hijos ajenos que con los propios. Según las últimas cifras, de los 300 bomberos que participan en el programa, alrededor de veinte han dejado a sus familias.
Dicen que el pasto del otro lado de la cerca siempre parece más verde. Yo creo que eso es lo que le pasó a los bomberos.
A fin de cuentas, las viudas dejaron de serlo y las que libraron los atentados no pudieron con sus congéneres. Al fin mujeres.
miércoles, diciembre 03, 2003
48,000 libros UFF!
Pues ayer me enteré de la boca más linda que he conocido que Don Andrés Henestrosa (ilustre escritor oaxaqueño) cumplió 97 años. Hasta ese momento la información no me interesó en lo más mínimo, pero cuando me dice mi esposa: "dicen que va a donar su biblioteca personal" pensé ¿seré el afortunado? así que casí grité:
-¿Y? ¿Me la regalaron a mí?
-Claro que no menso, se la va a donar a su pueblo. Además son 48,000 volúmenes.
Uf! Qué alivio. Por un momento me imaginé mi casa llena de libros: sería necesario levantar todos los muebles y poner medio metro de libros como piso, luego sacar toda la ropa y llenar el clóset y los roperos de libros, en la alacena, abajo de las escaleras y hasta en el cuartito de calefacción tendrían que convivir poetas, prosistas y locos.
Pero si los cien libros que a duras penas junto (contando los libros vaqueros, los selecciones y una que otra revista porno) ya casí han hecho que me corran de la casa ¿Qué pasaría con los otros 47,900?
Ahora que haciendo cuentas, si suponemos que Don Andrés empezó a comprar libro a los 17 años, debió comprar, en promedio, tres libros diarios. O bien saquear alguna biblioteca, o algún fondo de cultura o -como Jacobo Zabludoski- esperó a que se los regalaran.
Pues ayer me enteré de la boca más linda que he conocido que Don Andrés Henestrosa (ilustre escritor oaxaqueño) cumplió 97 años. Hasta ese momento la información no me interesó en lo más mínimo, pero cuando me dice mi esposa: "dicen que va a donar su biblioteca personal" pensé ¿seré el afortunado? así que casí grité:
-¿Y? ¿Me la regalaron a mí?
-Claro que no menso, se la va a donar a su pueblo. Además son 48,000 volúmenes.
Uf! Qué alivio. Por un momento me imaginé mi casa llena de libros: sería necesario levantar todos los muebles y poner medio metro de libros como piso, luego sacar toda la ropa y llenar el clóset y los roperos de libros, en la alacena, abajo de las escaleras y hasta en el cuartito de calefacción tendrían que convivir poetas, prosistas y locos.
Pero si los cien libros que a duras penas junto (contando los libros vaqueros, los selecciones y una que otra revista porno) ya casí han hecho que me corran de la casa ¿Qué pasaría con los otros 47,900?
Ahora que haciendo cuentas, si suponemos que Don Andrés empezó a comprar libro a los 17 años, debió comprar, en promedio, tres libros diarios. O bien saquear alguna biblioteca, o algún fondo de cultura o -como Jacobo Zabludoski- esperó a que se los regalaran.
lunes, diciembre 01, 2003
En el súper 1
Casi no hay nada que disfrute tanto como ir al súper. En serio. Sobre todo porque aparte de las frutas, las verduras, las ofertas, los descuentos, las cajas de cereal para adelgazar, las galletas de avena par adelgazar, los tes para adelgazar y los miles de artículos (todos ellos para engordar) identificados por el código de barras, hay historias. Si, cientos de ellas (por cierto, dicen que se requieren más barras en los códigos de los artículos que las que se necesitan para identificar a todos los seres humanos del planeta. Es decir, cada uno de nosotros hemos inventado como tres o cuatro artículos de consumo) y creo que ni usando todas los código de barras podría acabar de clasificar todas las historias que he conocido.
En estos seis años de trabajos forzados en el súper he logrado diseñar una forma de escape intelecto-terrenal que me ha permitido aguantar el ritmo de las compras. Para que tú, estimado lector, puedas hacer uso de esta herramienta, debes conocer dos o tres reglas básicas:
1. Todas, sí, todas las mujeres se transforman al entrar a un centro comercial. Primer punto a nuestro favor, pues estarán más preocupadas en ver dónde hay más gente amontonada para acercarse a hacer bola, que en ver a dónde o hacia quién dirigimos nuestra mirada. En este punto es muy importante que esperes tres minutos a que ella se aclimate, durante ese tiempo deberás prestar total y absoluta atención a lo que ella dice. Es la regla de oro para lograr nuestro cometido.
2. Al principio de las compras llévala, aunque sea a rastras, al área de frutas y verduras. Esta parte del súper es la que más atención requiere, no me preguntes por qué, sólo acéptalo como un hecho. (En alguna ocasión explicaré este razonamiento) Es muy importante que ofrezcas tu ayuda, lo más seguro es que te mande a escoger los limones “al cabo que no tiene ciencia”. Otro punto a nuestro favor, pues al fin tienes tus primeros minutos libres. Y en esos pasillos hay muchas cosas que ver.
3. Cuando se acerca la hora de comprar los abarrotes (ya sabes: latas, bebidas en polvo, cereales, etc.) hazle saber lo que quieres y en seguida ofrécete como voluntario para lidiar a tu hijo. Ella quedará fascinada de saber que se puede alejar unos minutos del pequeño remolino y tú tendrás en tus manos el arma perfecta para conocer historias. Te aseguro que al ver a un papá que cuida a su hijo (entre más pequeño sea, más éxito tendrás) todas la persona que encuentres estarán dispuestas a iniciar una plática. Sí, ya sé que cuidar al escuincle no es fácil pero ¿no es mejor estar con un hijo que con una esposa en el súper?
4. Después de haber recorrido tres o cuatro veces los pasillos, ella estará lista para pasar a la parte que más suspiros le causa: el área de la ropa. No te preocupes, no tienes que inventar nada, ni siquiera sabe que va contigo. Es más, lo que menos quiere es verte en ese momento, pues al mismo tiempo que admira y quiere todo lo que ve, se acuerda de lo raquítico de tu salario y te la estará mentando todo el tiempo. Consejo: Ni te le acerques. Ahora que si tu suerte se ha acabado y ella te pregunta algo (lo que sea con respecto a la ropa) dile que se le ve bien. Punto. No des detalles, no expliques, sólo dile que se ve bien y ya.
En esos minutos libres que logro escamotear es en los que practico mi técnica de distracción: a las personas que veo les invento una historia. He conocido (debería decir inventado) muchísimas historias. Muchas de ellas han sido realmente trepidantes, otras aburridas y una que otra cachonda.
Recuerdo una joven acompañada de su marido. Ella era alta, morena, de ojos siniestros y manos rápidas. El era fornido pero de mirada huidiza. Ella lo golpeaba.
Lo noté cuando, al pensar que nadie la veía, le aventó con una naranja en la cabeza. El volteó enojado, dispuesto a defenderse pero al verla, todo su valor se derritió, se quiso reír pero sólo logró una mueca.
-Pobre de ti si vuelves a verle las nalgas a otra mujer- le dijo ella por lo bajo.
Lo más grave es que no había nalgas cerca. El bajó la mirada. No se atrevió a decir nada.
Ella volteó al sentir mi mirada. La vi a los ojos y tuve miedo. Su mirada era salvaje, casi perruna. Preferí alejarme, no quise ponerla ni ponerme a prueba.
Recuerdo que los seguí a lo lejos, ella siempre detrás de él. Lo humillaba, lo ofendía. Sentí lástima por él: yo al menos estaba lejos de mi esposa.
Por supuesto lo mejor serían no tener que ir al súper. Pero como este mundo no es perfecto (al menos no para mí) prefiero encontrar distracciones. No es un gran consuelo, pero a fin de cuentas, algo es algo.
¡Salud!
Casi no hay nada que disfrute tanto como ir al súper. En serio. Sobre todo porque aparte de las frutas, las verduras, las ofertas, los descuentos, las cajas de cereal para adelgazar, las galletas de avena par adelgazar, los tes para adelgazar y los miles de artículos (todos ellos para engordar) identificados por el código de barras, hay historias. Si, cientos de ellas (por cierto, dicen que se requieren más barras en los códigos de los artículos que las que se necesitan para identificar a todos los seres humanos del planeta. Es decir, cada uno de nosotros hemos inventado como tres o cuatro artículos de consumo) y creo que ni usando todas los código de barras podría acabar de clasificar todas las historias que he conocido.
En estos seis años de trabajos forzados en el súper he logrado diseñar una forma de escape intelecto-terrenal que me ha permitido aguantar el ritmo de las compras. Para que tú, estimado lector, puedas hacer uso de esta herramienta, debes conocer dos o tres reglas básicas:
1. Todas, sí, todas las mujeres se transforman al entrar a un centro comercial. Primer punto a nuestro favor, pues estarán más preocupadas en ver dónde hay más gente amontonada para acercarse a hacer bola, que en ver a dónde o hacia quién dirigimos nuestra mirada. En este punto es muy importante que esperes tres minutos a que ella se aclimate, durante ese tiempo deberás prestar total y absoluta atención a lo que ella dice. Es la regla de oro para lograr nuestro cometido.
2. Al principio de las compras llévala, aunque sea a rastras, al área de frutas y verduras. Esta parte del súper es la que más atención requiere, no me preguntes por qué, sólo acéptalo como un hecho. (En alguna ocasión explicaré este razonamiento) Es muy importante que ofrezcas tu ayuda, lo más seguro es que te mande a escoger los limones “al cabo que no tiene ciencia”. Otro punto a nuestro favor, pues al fin tienes tus primeros minutos libres. Y en esos pasillos hay muchas cosas que ver.
3. Cuando se acerca la hora de comprar los abarrotes (ya sabes: latas, bebidas en polvo, cereales, etc.) hazle saber lo que quieres y en seguida ofrécete como voluntario para lidiar a tu hijo. Ella quedará fascinada de saber que se puede alejar unos minutos del pequeño remolino y tú tendrás en tus manos el arma perfecta para conocer historias. Te aseguro que al ver a un papá que cuida a su hijo (entre más pequeño sea, más éxito tendrás) todas la persona que encuentres estarán dispuestas a iniciar una plática. Sí, ya sé que cuidar al escuincle no es fácil pero ¿no es mejor estar con un hijo que con una esposa en el súper?
4. Después de haber recorrido tres o cuatro veces los pasillos, ella estará lista para pasar a la parte que más suspiros le causa: el área de la ropa. No te preocupes, no tienes que inventar nada, ni siquiera sabe que va contigo. Es más, lo que menos quiere es verte en ese momento, pues al mismo tiempo que admira y quiere todo lo que ve, se acuerda de lo raquítico de tu salario y te la estará mentando todo el tiempo. Consejo: Ni te le acerques. Ahora que si tu suerte se ha acabado y ella te pregunta algo (lo que sea con respecto a la ropa) dile que se le ve bien. Punto. No des detalles, no expliques, sólo dile que se ve bien y ya.
En esos minutos libres que logro escamotear es en los que practico mi técnica de distracción: a las personas que veo les invento una historia. He conocido (debería decir inventado) muchísimas historias. Muchas de ellas han sido realmente trepidantes, otras aburridas y una que otra cachonda.
Recuerdo una joven acompañada de su marido. Ella era alta, morena, de ojos siniestros y manos rápidas. El era fornido pero de mirada huidiza. Ella lo golpeaba.
Lo noté cuando, al pensar que nadie la veía, le aventó con una naranja en la cabeza. El volteó enojado, dispuesto a defenderse pero al verla, todo su valor se derritió, se quiso reír pero sólo logró una mueca.
-Pobre de ti si vuelves a verle las nalgas a otra mujer- le dijo ella por lo bajo.
Lo más grave es que no había nalgas cerca. El bajó la mirada. No se atrevió a decir nada.
Ella volteó al sentir mi mirada. La vi a los ojos y tuve miedo. Su mirada era salvaje, casi perruna. Preferí alejarme, no quise ponerla ni ponerme a prueba.
Recuerdo que los seguí a lo lejos, ella siempre detrás de él. Lo humillaba, lo ofendía. Sentí lástima por él: yo al menos estaba lejos de mi esposa.
Por supuesto lo mejor serían no tener que ir al súper. Pero como este mundo no es perfecto (al menos no para mí) prefiero encontrar distracciones. No es un gran consuelo, pero a fin de cuentas, algo es algo.
¡Salud!
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